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20 mayo 2023

País de Jauja, de Edgardo Rivera Martínez. Treinta años de luz.

A mediados de 1993, Maruja Martínez Castilla —hermana queridísima— me dio como regalo un libro gordo, de más de 500 páginas, con el ambiguo título de País de Jauja, de Edgardo Rivera Martínez, que había sido publicado por el propio autor en mayo de ese año. Este mes de mayo del 2023 se cumplen, pues, 30 años de País de Jauja

Además de la duradera impronta que sigue produciendo el libro en el mundo literario, causó también gran impacto en mi familia. Mis hermanas Maruja y Betty, encantadas por el libro, desarrollaron una inmediata amistad con Edgardo, luego de asistir a las presentaciones del mismo en ambientes tanto literarios como jaujinos.

Es necesario decir que, a la sazón, yo no conocía personalmente al narrador, si bien, como jaujino, había leído creo que dos de sus libros de cuentos. Por esas cosas que tiene la vida, conocí personalmente a Edgardo en 1994 y, en mayo de 1995, el escritor se casó con mi hermana Betty y nos convertimos en parientes políticos, y desarrollamos una cercana amistad que duró todo el resto de su fructífera vida, lo que me impediría comentar «objetivamente» sus libros. Pero como esta reseña es anterior a nuestra amistad, creo que se me aceptará reciclarla acá como mi pequeño homenaje al hombre y a su obra.

La reseña que se reproduce más abajo fue escrita en noviembre de 1993, y fue distribuida en algunas listas de correo electrónico  (por ejemplo, la lista «peru @ cs.sfsu.edu», que tenía unos 400 subscriptores), y en grupos de Usenet, incluyendo al entonces flamante  soc.culture.peru (los lectores más jóvenes tienen todo el derecho de no saber en qué consistían estos servicios de difusión; baste decir que la World Wide Web era poco más que un embrión, que empezaría su crecimiento explosivo precisamente en noviembre de 1993).

Domingo Martínez Castilla
Barranco, mayo del 2023



Reseña No. 5: Literatura peruana

Autor: Edgardo Rivera Martínez
Titulo: País de Jauja. Novela. 515 pp.
Editorial: La Voz Ediciones
Fecha: Mayo, 1993

Dirección: Salvador Dalí 201
San Borja, Lima, Perú

Hace mucho tiempo que no leía un libro que me absorbiera de la forma en que País de Jauja lo ha hecho. Creo que desde la adolescencia, cuando un buen libro podía separarme del mundo por el tiempo que fuera necesario para terminarlo y saborearlo. Pero en este caso hay circunstancias especiales, que mencionaré después de las introducciones de rigor.

Edgardo Rivera Martínez es un buen escritor peruano, conocido como autor de cuentos. Hace unos diez años ganó el concurso anual del "Cuento de las mil palabras", organizado por la revista peruana Caretas. Antes de eso, se le conocía por sus primeros libros de cuentos (Azurita, 1978), y después Casa de Jauja y Ángel de Ocongate (ambos en 1986). Cada libro suyo fue atrayendo más la atención de la crítica, y Ángel de Ocongate ya se recibía como una entrega de un narrador consagrado.

La temática de Rivera es varia, pero el tema de la Sierra y del mestizaje cultural han estado siempre presentes. Y en este libro adquieren un carácter especial, un lugar central.

Antes de mandarme la parte, debo mencionar que País de Jauja ha sido recibido y percibido por la crítica como lo que se suele denominar un "libro mayor", en el que el escritor se ha soltado a poner en el papel una parte muy importante e integral de su experiencia vital. Muchos novelistas (y Rivera con este libro se convierte en uno) tienen ese libro que marca claramente una decisión de enfrentar la tarea de presentarle al mundo cómo se hace el escritor, qué combinación única de fuerzas, experiencias, tradiciones e inquietudes han convertido al individuo en ese animal tan especial que es el narrador. Hay algo casi mágico en el hecho de que el lector se interese por esa vida que está leyendo, y que encuentre aquí y allá escenas o caracteres familiares, queridos y temidos, envidiados y odiados.

El libro

El libro cuenta la vida y experiencias de Claudio, un adolescente de quince o dieciséis años, entre el 19 de diciembre de 1946, y el primero de abril de 1947, que es (o lo era entonces) el periodo de vacaciones escolares en el Perú. Jauja es la ciudad, en el centro-centro del Perú, al norte del valle del Mantaro, el más productivo y, por ende, más densamente poblado de la sierra del Perú. Esta vieja ciudad, entonces de unos 12,000 habitantes, ha servido de hospedaje a prácticamente toda la historia del Perú, desde Huayna Cápac hasta esta década de violencia. Pero la historia del Perú nunca hizo a Jauja protagonista por periodos largos, lo que quizá le permitió una personalidad propia. Jaujas existen, sin duda, en toda América Latina, pero se escribe poco sobre ellas: no hay grandes tragedias, no hay grandes batallas, no hay tampoco esas personalidades difíciles que se apropian de los libros de historia.

En esa ciudad, Claudio, proyecto de escritor y de músico, crece en una familia en la que se combinan con bastante naturalidad tradiciones prehispánicas y epopeyas homéricas (La Ilíada es semi-protagonista de la novela), Mozart y mulizas, huaynos y fugas de Bach. El conflicto entre los mundos andino y europeo, tan palpable y de difícil y elusiva solución en Los perros hambrientos de Alegría, y en la Andahuaylas de Arguedas (en especial Los ríos profundos y Todas las sangres), se resuelve en esta novela con una alegría refrescante. Arguedas mismo notaba ese carácter en Jauja: mezcla no totalmente libre de conflictos históricos pero tampoco traumatizada por ellos.

Rivera subraya la solución más que el conflicto, y lo hace con buena pluma y excelente sentido del humor. Claudio se hace hombre en esos meses cruciales, y lo hace descubriendo secretos familiares que poco a poco se constituyen en otra novela dentro de la narración principal. La trágica soltería de dos ancianas tías suyas, que crecieron en una hacienda entre sillas vienesas y pianos alemanes a 4,000 metros de altura y en el medio de la puna, lo lleva a repasar la historia familiar. Los descubrimientos familiares del joven escritor-historiador se intercalan en el texto con los descubrimientos personales del adolescente: el amor juvenil, una secta naturista, la obsesión con la belleza cosmopolita de una paciente del entonces famoso sanatorio para tuberculosos, los personajes que de todo el mundo venían a buscar el limpio aire jaujino, el sexo, la música folklórica, Beethoven, el piano, Chopin. Todo eso teje una historia entretenida y fácil de seguir, a pesar de los múltiples protagonistas.

Estilísticamente (como si el que esto escribe supiera mucho del asunto), la novedad es el intercalamiento de trozos relativamente pequeños del diario de Claudio, con narraciones largas en segunda persona y de un sólo párrafo de unas tres a cinco páginas cada uno, fáciles de leer a pesar de su extensión, y no muy comunes en la literatura. La novela empieza así: "Ya estabas de vacaciones, en esos meses de lluvia pero también de días claros, en que podrías hacer lo que te viniese en gana". Y termina en el mismo tono optimista: "Brilla el sol y el aire es límpido, clarísimo."

Para quienes hemos pensado y nos hemos visto angustiados por no saber cómo evaluar el quinto centenario, la novela de Rivera nos da una perspectiva distinta, casi no tocada en todas las discusiones históricas y académicas llenas de juicios de valor sobre el encuentro de Europa y América. El mestizaje es una posibilidad válida, por lo menos en los casos en que se dan las condiciones para su desarrollo fructífero. No quiero decir con esto que el optimismo de Rivera sea fácilmente trasplantable a lugares donde las heridas todavía están sangrando, sino sólo que es posible un mestizaje feliz.

Después de leer los libros extraordinarios, pero durísimos, de Miguel Gutiérrez (La violencia del tiempo es su obra magna), en los que otro protagonista joven, cachorro de escritor, descubre el mestizaje como producto de violación y sojuzgamiento, este libro de Rivera permite cerrar los ojos al final de su lectura, y sonreír, casi seráficamente, esperando un futuro mejor. Gracias, Edgardo Rivera.

Notas personales: O cómo este lector leyó este libro.

La lectura de País de Jauja para mí, Domingo Martínez, se convirtió en una experiencia personal, donde no tuve que imaginar lugares donde nunca he estado ni jamás voy a estar, en los que la acción transcurre en ciudades donde la arquitectura y el paisaje dependen más de la imaginación del lector que de la descripción del narrador. Simplemente soy jaujino. Crecí en la misma ciudad que Claudio, el cachorro de escritor y sin duda alter ego de Rivera Martínez (en Jauja hay muchos Martínez, y probablemente hasta pariente mío es, pero no lo conozco personalmente), y si bien mi experiencia es unos 20 años posterior a la de Claudio, el protagonista, es una vivencia muy especial ver, en un libro tan bien escrito, las calles y paisajes que uno conoce y quiere y que le devuelven a uno esa sensación de pertenencia que no se logra fácilmente en otras partes; acerca de la gente que habla con giros idiomáticos que son tan familiares y únicos; y acerca de individuos que uno ha conocido y con quienes ha hablado más de una vez. Muchos de los personajes que caracterizan a Jauja (y que todas las ciudades pequeñas tienen) aparecen en la novela, algunos con sus propios nombres y otros con nombres cambiados (si bien en más de una oportunidad al escritor se le ha escapado el nombre verdadero), pero igualmente reconocibles. ¿Cómo se puede comentar un libro de esa clase? Si bien no creo que la elusiva objetividad sea fácil de conseguir en cualquier circunstancia, en ésta ni siquiera pretendo tenerla.

Domingo Martínez Castilla
Columbia, noviembre de 1993


El post original distribuido en soc.culture.peru se puede ver en los archivos de Usenet. En esa época, los acentos no eran aceptados por muchos programas, hoy apps, de correo y de mensajes.


24 enero 2023

Cinco epidemias de viruela en Jauja en el siglo XIX

Resumen

La pandemia actual de COVID-19 ha causado que el estudio de las epidemias haya adquirido, nuevamente, importancia global. Históricamente, la viruela ha sido una de las enfermedades más mortíferas de la humanidad. El presente trabajo muestra cómo esta enfermedad afligía periódicamente a la ciudad andina de Jauja y lugares aledaños, sobre la base de registros de entierros o defunciones de los libros parroquiales de la segunda mitad del siglo XIX. 


Introducción

En la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja, los registros de entierros disponibles en Internet (a diciembre del 2022) van desde el 12 de febrero del año de 1785 hasta el 3 de noviembre de 1969. El texto de la primera partida es el siguiente:

[Al margen:]
Da. Manuela
Mendiguren
Española viuda
de
Jauja

En dose de febrero de mil setecientos ochenta y sinco años di Sepultura Eclesiastica al Cuerpo difunto de da. Manuela Mendiguren, viuda de don Pedro Alcayde Monje de edad de sesenta años al parecer que murio haviendo recivido los santos sacramentos como Catholica y fiel Christiana. Testigos el Sacristán mayor Josef Tapia y Gregorio Sinche y lo firmé.

Dr. José Antonio de la […] 

Las otras partidas que aparecen en esa página son las siguientes: Joseph Manuel Flores, indio casado de Huamanga; Joseph Ramos, indio soltero de Páucar; María Francisca Bullón, española viuda de Jauja; y Eugenio Guerrero, indio casado de Jauja.


Primera partida del Libro 1 de defunciones, parroquia de Santa Fe de Jauja
(Fuente: FamilySearch.org: Peru, Catholic Church Records, 1603-1992. Junín, Jauja, Santa Fe: Defunciones 1785-1820)

Con algunas variaciones, la misma fórmula se repite en gran parte de las partidas de las siguientes décadas: fecha, nombre, estado civil, etnicidad, edad aproximada, testigos y firma. En el margen aparece el lugar, sin que quede claro si pertenece al lugar de origen o al lugar del entierro.

De interés para este artículo, es de resaltar que, hasta mediados del siglo XIX, son poco consistentes los registros de entierros de párvulos en los libros parroquiales de Jauja. Igualmente, por lo general no se mencionaba la causa de fallecimiento, excepto en casos de muertes violentas o inusuales, con rara mención de enfermedades. Desde principios del siglo XIX, se observa con frecuencia el fallecimiento de forasteros «convalecientes» provenientes de muchas partes del virreinato y posteriormente la república, lo que sugiere que Jauja ya tenía fama de lugar de sanación para enfermos.

No es posible saber qué enfermedades eran las más frecuentes causantes de fallecimientos, por lo menos hasta finales de la década de 1850, cuando empieza a aparecer «muerte natural» como la causa predominante de decesos. También por ese periodo, se hace más consistente el registro de fallecimientos de párvulos.


Viruela

La viruela ha sido una de las enfermedades más temidas a lo largo de la historia de la humanidad. El contagio era muy rápido y con una alta mortalidad, en promedio, 30 por ciento de la población infectada. Los sobrevivientes, a veces con visibles cicatrices permanentes («marcados de viruela»), quedaban inmunizados de por vida. La consecuencia de la alta virulencia y de la tasa de mortandad, era que la población sobreviviente resultaba inmunizada. Los niños, sin embargo, carecían de esa protección, y eran las víctimas de las olas de viruela que aparecían en casi todos los lugares una o dos veces por cada década. (Descripción de la viruela por la Clínica Mayo)

De origen eurasiático, la viruela fue la más mortífera de las enfermedades europeas que, a partir del año 1492, causaron el colapso demográfico en el continente americano, que a su vez significó la destrucción de las civilizaciones americanas, incluyendo al Tawantinsuyu incaico. (Véase: Martínez Castilla, D.  Al germen lo que es del germen: enfermedades europeas y destrucción de la civilización andina. Márgenes, 1993.  Disponible en Ciberayllu.)

La viruela fue también la primera enfermedad para la cual se desarrollaron vacunas, que empezaron a difundirse por Europa y el mundo a principios del siglo XIX. El término mismo «vacuna» tiene su origen en que las inoculaciones provenían de ganado vacuno infectado con la viruela bovina. La viruela fue finalmente erradicada en todo el mundo el año 1980, luego de una campaña mundial de vacunación entre los años de 1967 y 1970. 


La viruela en los libros parroquiales de Santa Fe de Atun Jauja

En Jauja, el primer registro de muerte por viruelas aparece en el libro 6 de defunciones, a fojas 136 vuelta, el 27 de agosto de 1859, de un «indio adulto» del pueblo de Yauli. (Debe entenderse con claridad que se trata del primer registro en los libros, y que no significa en modo alguno que no haya habido casos de viruela en periodos anteriores.) Casi todos los registros que rodean a esta fecha indican «muerte natural» como causa de fallecimiento. También se incluye, cada vez más, párvulos entre los fallecidos, normalmente sin indicar la causa del fallecimiento.

Entre agosto de 1859 y febrero de 1860, hay solamente trece casos de muerte por viruela en los libros parroquiales, provenientes de lugares dispersos, desde Ricrán al norte hasta el Tambo (hoy parte del distrito de Sausa).

Posteriormente, los casos de fallecimientos por viruela que se ha podido identificar en los libros del siglo XIX de la parroquia de Jauja, son los siguientes:

Cuadro 1: Defunciones por viruela, parroquia de Jauja, 1865-1899

Periodo Entierros
Diciembre 1865 a enero 1866 48
Enero a noviembre, 1872 440
Marzo 1873 a octubre 1874 6
Noviembre 1874 a junio 1876 747
Enero a octubre 1877 92
Mayo 78 1
Junio 1879 a septiembre 1880 839
1880 o 1881  46
1881 12
Enero a agosto 1882 23
Noviembre 1982 a agosto 1883 34
Octubre a diciembre 1883 23
Enero a diciembre 1884 99
Enero a diciembre 1885 147
1886 7
1887 0
1888 2
Febrero 1890 a abril 1891 727
Octubre 1894 a diciembre 1895 612
1896 18
1898 1
1899 1

En el cuadro 1 se observa con claridad la periodicidad de los brotes y la mortandad que causaban cuando se convertían en epidemias.

El periodo entre epidemias mayores fluctúa entre los tres y los cinco años. Cada epidemia duró entre ocho y veinte meses, como se observa en el cuadro 2. En la lista siguiente se incluye el periodo 1884-85 como el de otra probable epidemia; en esos años, los registros parecen haber sido afectados por las convulsiones sociales de la guerra civil que siguió a la invasión chilena. 

Cuadro 2: Magnitud y duración  de los brotes de viruela, parroquia de Jauja, 1865-1899

Brote epidémico Entierros
Duración
(meses)
Epidemia de 1872 440 11
Epidemia de 1874-76 747 20
Epidemia de 1879-80 839 15
Periodo 1884-1885 246  
Epidemia 1890-91 727 14
Epidemia 1894-1895 612 14

Esta mortandad era casi exclusivamente de niños menores de 5 años. Los fallecidos de mayor edad eran notoriamente raros porque, como se mencionó, la población adulta estaba compuesta de sobrevivientes de las olas anteriores, lo que les proporcionaba inmunidad de por vida. (Es posible, también, que ya hubiera por entonces algunos adultos vacunados, pero confirmar esta información requiere otras fuentes.)

Siguiendo la evolución temporal de las epidemias, en los párrafos que siguen se observará claramente que el número de casos por mes es inicialmente muy pequeño, para luego incrementarse rápidamente, y luego disminuir, también con rapidez, hasta hacerse prácticamente cero.


Epidemia de 1872: 440 registros

Luego de algunos casos de viruela a fines del año 1871 y los primeros días de enero de 1872, el 29 de enero de ese año, en la página 376 del libro 10 de defunciones de la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja, se registra el entierro de un párvulo de cinco meses, de nombre Mateo Vásquez Jumpa, hijo de José y de Juana, del caserío de Páucar: «murió de virhuelas», se indica en la partida. En los días siguientes, en febrero, se registran quince casos más en otros diez lugares. En los meses siguientes, los fallecimientos por viruela son, sucesivamente, 26, 65, 88 (mayo), 85, 67, 44, 29, 17 y, en noviembre, solamente 3 casos. Los lugares con más casos son Jauja (66 fallecimientos), Acolla (63), Marco (35), Huertas (35) y Yauli (25). Los lugares con más fallecimientos suelen ser los centros poblados más grandes, que eran la ciudad de Jauja y los pueblos de Acolla y Marco. En esta epidemia, los más pequeños centros poblados de Huertas y Yauli fueron castigados muy duramente. En total, 440 jaujinos, casi todos menores de 5 años, de muchos lugares y de todas las condiciones socioeconómicas, fallecieron por viruela.

El mapa adjunto permite ver muchas de las localidades que aparecen en los registros parroquiales de Jauja y que se mencionan en este artículo. No aparecen algunos lugares más alejados: al norte, Paca Paccha y Ricrán; al noroeste, Yanamarca, El Tingo, Tingo Paccha y Cachi Cachi; Janjaillo al oeste; Quero al este; y más lejos, al noreste, el pueblo de Monobamba.


La parroquia de Jauja (en rojo) y comunidades aledañas.
(Fuente: Google Earth Pro]
[Haga click para ver imagen más grande]

Es difícil hoy imaginarse la angustia que la aparición de la viruela habría causado en padres de niños pequeños. En Jauja, por ejemplo, la familia Madrid Dávila perdió a dos niñas de 6 años, probablemente mellizas, en cuatro días en el mes de mayo; a fines de junio de 1872, la familia Landa Cabello perdió a una niña de un año, y nueve días después a un niño de 5 años; también en esos días, la familia Saravia Peña enterró a una bebé de 50 días y a un niño de 2 años.

(Es importante subrayar que estos números deben considerarse como solamente referenciales, pues en realidad se ignora cuántas personas podrían haber sido enterradas sin reportarlas a la parroquia, especialmente en zonas rurales. Adicionalmente, algunos pueblos tenían cementerios con personal —a veces llamados fabriqueros— que anotaban los entierros y luego pasaban la información a la parroquia principal, a veces con bastante demora, como es el caso de los datos de Ricrán y Monobamba, pueblos alejados que reportaban a la parroquia de Jauja.)


Epidemia de 1874-76: 747 registros

Luego de haberse anotado solamente seis muertes por viruela entre marzo de 1873 y octubre de 1874, hubo ocho fallecimientos en el caserío del Tambo entre el once de noviembre y el día de navidad de ese año: los niños fallecidos parecen haber sido parientes muy cercanos, pues casi todos tenían García como uno de sus apellidos. La enfermedad se difunde y cobra luego víctimas muy rápidamente: 14 en enero de 1875, 51 en febrero, 14 en marzo, llegando a 90 en septiembre, para disminuir gradualmente hasta tener sólo 15 casos en abril de 1876, y 10 casos más entre mayo y junio. En esta ola, que duró 20 meses, hubo un total de 747 fallecimientos atribuidos a la viruela. Como es de esperarse, Jauja (83 fallecimientos), Acolla (76) y Marco (68) son los lugares donde se registran más fallecimientos. Entre las otras localidades, esta epidemia castigó muy duramente a Chunán (50 muertes), Yauli (53), Masma (43), Huertas (43), Julcán (38), Paca (38), Pancán (37) y Concho (33).

En los primeros meses de 1877 se cuentan 92 muertes por viruela, aparentemente un brote menor que afectó principalmente a Acolla (30 fallecimientos), Yauyos (14), Jauja (10) y Ataura (10). Al año siguiente, 1878, se registra una sola muerte atribuida a la viruela.


Epidemia de 1879-80: 839 registros (más 46 probables)

El primer caso de este brote, del 18 de junio de 1879, se registra en Chunán; en julio hay tres casos más en Chunán y dos en el vecino pueblo de Pancán (a veces escrito como Pancá). En agosto, la enfermedad se extiende por pueblos vecinos: Molinos, Sacsá, Marco, Yauli, Concho, Acolla y Jauja, para un total de 23 muertes. La mortandad siguió aumentando mes a mes: 41 en septiembre, 66 en octubre, 100 en noviembre, llegando a 170 en diciembre de 1879 y 154 en enero de 1880, para luego disminuir gradualmente hasta llegar a 12 casos en agosto y solamente uno en septiembre de 1880.

Esta vez, además de Jauja (78 muertes), Acolla (75) y Marco (71), los centros poblados proporcionalmente más afectados fueron Molinos (65), Yauli (61), Ricrán (46), Huertas (44), Paca (42), Pancán (42), Chunán (40) y Yauyos (40). En total, hubo 839 registros de muertes por viruela en los 15 meses de este brote. 

Adicionalmente, hay 46 casos de muerte por viruela que aparecen fuera de lugar y que podrían ser parte de la misma epidemia: 25 casos en el libro 13 de Defunciones (entre las partidas 781 y 804), donde no es seguro si se trata de partidas de 1880 o de 1881, porque hay enmiendas y cierto desorden cronológico; 20 casos de Monobamba, que aparecen en los libros 13 y 14, y un caso suelto de Acolla. 


1881-1885: Los años de la invasión chilena, la campaña de la Breña y la guerra civil

Este periodo de gran convulsión social se refleja también en los libros parroquiales, que muestran algunas lagunas y cierto desorden en el registro de datos, muy notablemente en el libro 14 de defunciones. Normalmente, las partidas se inscribían en orden cronológico, pero este libro empieza con partidas de 1877 correspondientes a Ricrán y a Monobamba. A éstas le siguen partidas de 1882, pero agrupadas por centro poblado y no cronológicamente. Es muy probable que este libro se llenó tardíamente a partir de borradores guardados por algún tiempo. En general, la información de este periodo no ofrece la misma confianza de otros años, por lo que los datos deben considerarse solamente referenciales. 

En 1881, hay doce casos de viruela (sin incluir los 46 casos dudosos), y entre enero y agosto de 1882 otros 23 casos, y 94 entre noviembre de 1882 y agosto de 1883.


Probable epidemia de 1883-85

Entre octubre de 1883 y diciembre de 1885, se registran 269 muertes por viruela. En razón de la periodicidad ya evidente en las epidemias anteriores, es altamente probable que haya habido un brote importante en este convulsionado periodo. Tanto la irregularidad de los datos como las dificultades inherentes a un periodo de guerras podrían sesgar las conclusiones resultantes de información incompleta.

En los cuatro años siguientes (1886-1889) aparecen solamente nueve casos de muerte por viruela, que es un número sumamente bajo. Es de notar, por otro lado, que entre diciembre de 1888 y junio de 1889, hay un fuerte brote de sarampión, que se inicia en Jauja y luego se extiende por muchos otros lugares aledaños.


Epidemia de 1890-91: 727 registros

La viruela vuelve a hacerse presente en febrero de 1890, con un caso en Jauja y otro en Masma. En marzo hay tres casos, ocho en abril, y 17 en mayo, pero hasta ese momento solamente diez localidades se ven afectadas. En junio, los 38 casos registrados por la parroquia se dan en 17 centros poblados. De manera bastante similar a las epidemias anteriores, en los meses siguientes las muertes por viruela se extienden por muchos lugares y se incrementan mucho más rápidamente: 83 en julio, 163 en agosto, 162 en septiembre y 106 en octubre, para luego declinar a 68 en noviembre y 31 en diciembre de 1890, y 36 en enero de 1891. Febrero registra apenas 9 casos, ninguno en marzo, y uno solo en abril.

Esta fuerte epidemia de 1890-91 tiene algunas particularidades que viene al caso resaltar. Lo más notable es que las comunidades para las que se registran más fallecimientos no son Jauja, o Acolla o Marco, sino el más pequeño y más alejado pueblo de Concho, donde fallecieron 87 niños. De éstos, 77 murieron en sólo 4 meses, periodo en el cual las familias de este pueblo deben haber sufrido mucho. El pueblo de Marco, muy cercano a Concho, también fue afectado fuertemente por esta epidemia, con 73 muertes, 65 de las cuales se dieron en solamente 3 meses, al mismo tiempo que las de Concho. Los apellidos de los fallecidos son fácilmente reconocibles hoy en día, por tratarse de antiguas familias: Capcha, Mallma, Rosales, Tabraj, en Concho; Camarena y Manyari, en Molinos; Pahuacho, en Chuclú (antes escrito como Chucllú); Carhuancho, Achic-huamán y Urcuhuaranga, en Huertas. Hay también apellidos que se encuentran más ampliamente distribuidos en varios centros poblados: Galarza, Castro, Esteban, Huatuco, Misari, Aquino y otros. La viruela no hacía distingos. (Domingo Martínez, bisabuelo de quien esto escribe, vio morir a una hija suya de 6 meses en 1890.)

Otras localidades fuertemente afectadas en esta epidemia fueron Jauja (58 muertes), Ricrán (41), Monobamba (40), Acolla (38), Masma (37), Julcán (33) y Molinos (33). La enfermedad también afectó a muchas otras comunidades dependientes de la parroquia de Jauja.

(Una observación sobre los libros de defunciones de este periodo: el libro 18 incluye partidas desde octubre de 1890 hasta noviembre de 1891, si bien en la última página hay dos partidas atrasadas de junio y julio de 1891. El libro 19 continúa con noviembre de 1891 por las nueve primeras páginas, pero las páginas 10-67 contienen partidas desde julio de 1890 hasta febrero de 1891, cuyos borradores se habían extraviado, como lo indica una nota en la página 10.)


Epidemia de 1894-95: 612 registros, en una parroquia de menor tamaño

Entre mayo de 1891 y septiembre de 1894, la viruela prácticamente desaparece como causa de muerte en los libros de defunciones de la parroquia de Jauja. En octubre de 1894 hay un solo caso de muerte por viruela, en la propia ciudad de Jauja. Luego, hay doce casos en diciembre, 19 en enero de 1895, y 28 en febrero. Los meses siguientes ven aumentar los decesos por viruela: 50 en marzo, 82 en abril, 82 en mayo, 68 en junio para volver a subir a 87 en julio y llegar a 98 en agosto, para luego descender en septiembre (35 casos), octubre (21), noviembre (21) y finalmente 8 en diciembre. De diciembre de 1894 a diciembre de 1895, la viruela ocasionó la muerte de 612 personas registradas por la parroquia.

Los pueblos más afectados por la epidemia de 1894-95 en la parroquia de Jauja fueron: Jauja (98 casos), Masma (60), Molinos (52), Huertas (50), Paca (50), y Ricrán (41).

Es muy importante notar que la parroquia de la Bendita Magdalena de Marco —como la denomina su primer párroco, el Dr. Don Gerardo Gamarra— empieza sus propios libros en diciembre de 1894, incluyendo en sus registros dos de los pueblos más grandes que hasta ese momento habían sido incluidos en la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja: Marco y Acolla. Además de estos pueblos, los registros de Marco incluyen a Concho, el Tingo, Tingo Paccha, Cachi Cachi, Yanamarca e incluso el más alejado pueblo de Acaya. Más importante aún es la gran cantidad de muertes por viruela que se registran entre febrero de 1895 y febrero de 1896: en total, la parroquia de Marco muestra 187 defunciones por viruela en ese periodo. (Los libros parroquiales de Marco son de por sí interesantes, y podrían ser objeto de análisis posteriores.) Si se añaden, entonces, los casos de viruela de las parroquias de Marco y de Jauja hacen un total de 799 casos.


Coda

A modo de conclusión, algunas observaciones y aclaraciones respecto a este análisis de la viruela en Jauja en el siglo XIX:

  • El hecho de que la viruela aparezca primero en un lugar determinado no significa que se origine en ese lugar. La viruela era una enfermedad «viajera» y oportunista, que al encontrar personas no inmunizadas (casi exclusivamente niños), se extendía rápidamente hasta contagiar prácticamente a todos los individuos susceptibles, de los cuales 3 de cada 10 sucumbían.
  • La distancia entre dos centros poblados vecinos, adscritos a la parroquia de Jauja, es por lo general menor de 4 kilómetros, lo que hacía muy probable una expansión muy rápida de la epidemia. Los pueblos que aparecen en los libros parroquiales están en su mayoría en agrupamientos bastante claros: el valle de Yanamarca (Marco, Acolla, Concho, Chocón); la zona al este de la laguna de Paca (Huertas, Pancán, Chunán, Hualá, Yauli); y la ciudad de Jauja y comunidades aledañas (Yauyos, Huancas, el Tambo). Entre estas poblaciones y caseríos, los movimientos de gente eran muy frecuentes, sea por el intercambio comercial de productos agrícolas, o por el movimiento estacional de trabajadores.
  • Los brotes en lugares más alejados como Ricrán y especialmente Monobamba, que es más cercana a la Amazonía, podrían haberse originado por otras rutas.
  • Los brotes de viruela revisados en este trabajo, no parecen sujetarse a la estacionalidad climática, pues se originan en periodos variables: febrero de 1872, diciembre de 1874, agosto de 1879, abril de 1890 y enero de 1895. Igualmente, los meses más mortíferos son diversos: mayo en 1872, septiembre en 1875, diciembre en 1880, agosto en 1890 y en 1895. Esta falta de estacionalidad subraya el carácter oportunista de la viruela, y el hecho de que la virulencia era bastante independiente de las condiciones climáticas. (En la región central del Perú hay básicamente dos «estaciones»: la temporada de lluvias, entre octubre y marzo, y la temporada seca, el resto del año.) 
  • Los datos parroquiales permitirían medir el impacto relativo de la viruela en la mortalidad infantil, comparando los años de epidemia con los años sin viruela, pero tal análisis requiere de más tiempo y de más claridad metodológica (por ejemplo, es probable que la mortalidad infantil sea relativamente menor inmediatamente después de una epidemia de viruela).

Domingo Martínez Castilla
Enero, 2023


Referencias

Mayo Clinic. "Viruela".  https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/smallpox/symptoms-causes/syc-20353027 (Acceso: 22 de enero, 2023)

Martínez Castilla, D. (1993). Al germen lo que es del germen: enfermedades europeas y destrucción de la civilización andina. Márgenes, 6(10), 233-252.  Disponible en Ciberayllu.)

"Perú, registros parroquiales y diocesanos, 1603-1992," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9392-CJ9D-MG?cc=1877097&wc=MPZ9-JWL%3A174499301%2C180540801%2C180540802%2C181564701 : 21 May 2014), Junín > Jauja > Santa Fe > Defunciones 1820-1875

"Perú, registros parroquiales y diocesanos, 1603-1992," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9392-CGZ3-H?cc=1877097&wc=MPZD-T38%3A174499301%2C180540801%2C180540802%2C181603801 : 21 May 2014), Junín > Jauja > Santa Fe > Defunciones 1875-1903 >

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Para citar este artículo:

Martínez Castilla, Domingo, «Cinco epidemias de viruela en Jauja en el siglo XIX», Título provisional (blog), 20230124 <https://domingo.martinezcastilla.com/2023/01/cinco-epidemias-de-viruela-en-jauja-en.html>

03 enero 2023

Sobre los libros parroquiales


Resumen

Los libros parroquiales de bautismos, entierros y matrimonios, son importantes fuentes de datos familiares y demográficos, tanto durante la época colonial como en las primeras décadas republicanas. En las partidas o registros de los libros, también se filtra indirectamente mucha información sobre la sociedad local de esos periodos. Los libros de la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja [sic], en el centro del Perú, serán la fuente de algunos artículos sobre la sociedad colonial y republicana de Jauja, una antigua ciudad peruana.

Introducción

En el Perú, como en muchos otros países de tradición cristiana en general y católica en particular, los registros parroquiales del periodo colonial y de las décadas iniciales de la república, son una muy importante fuente de información demográfica local. Normalmente, las doctrinas o parroquias llevaban registros de bautismos, matrimonios y entierros. Los libros bautismales y de entierros eran los únicos registros aproximados de nacimientos y defunciones respectivamente, hasta el establecimiento de los registros civiles que, si bien oficialmente instituidos en 1852 (véase, por ejemplo, Chiaramonti, 2000), fueron prácticamente inexistentes hasta los años posteriores a la guerra del Pacífico.

Los libros parroquiales de bautismos, entierros y matrimonios eran, pues, los únicos registros vitales existentes hasta las últimas dos décadas del siglo XIX. Antes de utilizar o analizar la información de estos libros parroquiales, hay algunas de sus características que vale tener en cuenta:

  • Variabilidad: Tanto el contenido como la extensión de cada registro parecen depender mucho de las distintas idiosincrasias de los curas, lo que dificulta hacer inferencias estadísticas y comparaciones entre diversos periodos. 
  • Caligrafía: La calidad de la escritura es también altamente variable. Entiéndase que no eran necesariamente los propios curas quienes escribían en los libros parroquiales. Los encargados eran amanuenses con variados niveles de educación y experiencia. Plumas y lápices también cambiaban mucho, yendo de lo casi ilegible al exceso de tinta.  En general, pero no necesariamente, los libros más antiguos son más difíciles de leer que los más recientes.
  • Ortografía de nombres: Cambia mucho, y muestra las dudas de los curas o amanuenses, incluso dentro de una misma partida. Hay un caso en que la misma partida contiene tres formas distintas de escribir un apellido: Aylas, Hailas, Ailas. Hay también apellidos que se escriben de muchas maneras. Un ejemplo especial es el apellido Egoavil, que aparece escrito de las siguientes maneras: Egoabil, Guabil, Guavil, Hegoavil, Guabel, Yguabel y quizá otras.
  • Ortografía general: el castellano andino, con el sustrato quechua que lo caracteriza, suele aparecer en la escritura fonética, muy frecuente entre los amanuenses.

Borradores y libros «en limpio»

La información que aparece en los libros parroquiales sugiere que los datos de cada bautismo, matrimonio o defunción eran inicialmente registrados en borradores que contenían la información básica del evento (lugar, fecha, nombre, testigos, padrinos, y otros detalles) y que luego los amanuenses de la parroquia los pasaban en limpio, incluyendo las formas y estilos acostumbrados en cada periodo o por cada párroco. Esto es particularmente claro en la información de los pueblos y anexos de la parroquia, que corresponden a lo que hoy son distritos y centros poblados, así como algunas antiguas haciendas y asientos mineros. Lugares más alejados pasaban la información a veces correspondiente a varios meses, y los amanuenses de la iglesia principal las pasaban a los libros, interrumpiendo a veces el orden cronológico del libro.

Libros en la parroquia de Jauja

Los libros de la doctrina o parroquia de Santa Fe de Atun Jauja, así como de muchas otras parroquias y registros civiles, han sido digitalizados por la Sociedad Genealógica de Utah, y están disponibles para consulta en el sitio web www.familysearch.com. Los libros correspondientes a Jauja abarcan (a diciembre del 2021) los siguientes periodos:

  • Bautismos: desde 1757 hasta 1991
  • Matrimonios: desde 1869 hasta 1991
  • Entierros o defunciones: desde 1785 hasta 1969

Hay partidas, páginas, y probablemente algunos libros perdidos, así como periodos en los que las convulsiones sociales e históricas parecen haber afectado la integridad de los registro de partidas.

Contenido de las partidas

  • Bautismo
    • Datos mínimos: Fecha, nombre de pila del bautizado, nombre de por lo menos uno de los progenitores, nombre de padrino o madrina
    • Otros datos frecuentes: lugar del bautismo, lugar de nacimiento, edad del bautizado, raza o etnicidad, «legitimidad», testigos
  • Matrimonio
    • Datos mínimos: Fecha, Nombres de los contrayentes
    • Otros datos frecuentes: lugar de nacimiento de los contrayentes, «legitimidad» y «raza», nombres de los padres de cada contrayente, nombres de los padrinos, testigos
  • Defunción o entierro
    • Datos mínimos: Fecha del entierro, nombre y origen del difunto, lugar del entierro
    • Otros datos frecuentes: edad estimada, nombres de los progenitores, causa del fallecimiento, testigos, nombre de cónyuge, número de hijos  

Centros poblados en los libros de la parroquia de Jauja

Los registros del siglo XIX disponibles en la Parroquia de Jauja incluyen principalmente a pueblos (hoy distritos o centros poblados) que eran anexos de la parroquia. Había otras doctrinas o parroquias en la jurisdicción de Jauja, que mantenían sus propios libros.

Durante el siglo XIX, existían en lo que es hoy la provincia de Jauja las siguientes doctrinas o parroquias:

  • Santa Fe de Atun Jauja
  • Natividad de Nuestra Señora de Apata (Huamalí, San Lorenzo, vice parroquia Ntra Sra de la Asunción)
  • San Miguel de Huaripampa (San Juan de Muquiyauyo, Muqui, Santiago de Paccha, Pachacayo, Santa Rosa de Llocllapampa, San Francisco de Canchayllo)
  • Santa Ana de Sincos (desde 1834)
  • La Ascención de Mito (hoy distrito de la actual provincia de Concepción)
  • Marco (desde 1891)

Las siguientes localidades son las que están incluidas en los libros de la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja:

Acaya, Acolla, Ataura, Chocón, Chucllú, Chunán, Concho, Hualá, Huancas, las Huertas, Janjaillo, Jauja, Julcán, Marco, Masma, los Molinos, Monobamba, Paca, Pacapaccha, Pancá y Pancán, Páucar, Ricrán, Sacsá, el Tambo, el Tingo, Tingo Paccha, Yauli, los Yauyos.  Otras localidades que aparecen con menos frecuencia son Apaicancha, Cachicachi, Condorsinja, Curicaca, Huasquicha, Ocsapampa, Paccha, Pachascucho, Pichos (Pichus), Pomate, Quero, Quishuarcancha, Taptá, Yacus, Yanamarca

Adicionalmente, hay algunas partidas de personas pertenecientes a otras parroquias aledañas (como Huaripampa, Apata, Mito, Sincos, y Concepción).

Informaciones sobre la sociedad local

La lectura cronológica de los libros parroquiales permite también vislumbrar facetas de la organización social. Por ejemplo:

  • La frecuencia con la que determinados personajes son padrinos de bautismo, que suele indicar el rango social de o la importancia política de estas personas
  • La utilización de ciertas formas de lenguaje indican también los grupos sociales y su persistencia o variación en el tiempo: don, doña, indio, indio noble (siglo XVIII), mestizo, criollo, casta, cholo, español, esclavo, mulato, zambo, europeo
  • Hijos de «padre no conocido»
  • Niños expósitos (expuestos o «botados»)
  • Detalles aislados de personas y hechos inusuales, como asesinatos y fusilamientos, personas ahogadas, desbarrancamientos, y otros.

En entregas posteriores en este blog, se presentarán artículos con información obtenida principalmente de los libros parroquiales de Jauja y, ocasionalmente, de algunas otras parroquias del valle de Jauja, hoy conocido como valle del Mantaro.

Una nota personal

Con la intención de resolver algunas lagunas respecto a mis antepasados, hace pocos años empecé a familiarizarme con los libros parroquiales. Inicialmente, las búsquedas fueron poco metódicas, y fue posible encontrar algunos datos y personas que estaba buscando, y muchos que no sabía que existían. Era como buscar unas hojas en un bosque tupido y, poco a poco, ir descubriendo no sólo otras hojas de mil formas, sino también flores, árboles, arbustos: es decir,  información no solamente de otras personas, sino de las relaciones existentes entre ellas y, más allá, de aspectos de la vida diaria y de algunos acontecimientos históricos: guerras, enfermedades, compadrazgos, chismes, personajes especiales, se presentan explícitamente, y otras  como piezas de rompecabezas históricos. La lectura secuencial de los libros parroquiales ofrece, además, la posibilidad de encontrar información genealógica extemporánea, como partidas inscritas por disposiciones eclesiásticas y civiles.

Partida de bautismo de Alejo Martínez Lira, 7 de enero de 1787.
Parroquia de Santa Fe de Atun Xauxa, Libro 3 de bautismos, a fojas 77 vuelta.
(Haga click en la imagen para verla ampliada.)
(Fuente: familysearch.org)

Domingo Martínez Castilla
Enero, 2023


En este blog:




Referencias

Fuente principal de datos: Sitio web FamilySearch (https://www.familysearch.org/es/)

Chiaramonti, G. (2000). La ley y las costumbres. Apuntes sobre los registros civiles y los libros parroquiales en el Perú de la segunda mitad del siglo XIX (1857-1879). Revista Complutense de Historia de América, 26, 199-199.


29 octubre 2022

Dieciséis especies de aves en un jardín de Santa Rosa de Ocopa, en el valle del Mantaro

Santa Rosa de Ocopa, en el valle del Mantaro

Santa Rosa de Ocopa, al lado oriental del valle del Mantaro, está en un rincón abrigado y escondido. Hoy los eucaliptos —introducidos a fines del siglo XIX— dominan el paisaje. Al norte del pueblo, separado de éste por un riachuelo, está el convento franciscano de Santa Rosa de Ocopa. El pueblo está en las coordenadas 11.88° Sur 75.30° Oeste, a una elevación de 3,370 metros. El clima es el característico del valle del Mantaro: durante la estación seca (aproximadamente entre mayo y setiembre), hay muy poca precipitación, con fuertes cambios de temperatura entre el día y la noche, y con frecuencia hay heladas; en la estación lluviosa, hay frecuentes precipitaciones, pero al mismo tiempo un menor contraste de temperaturas entre el día y la noche. Si bien el valle propiamente dicho es un lugar abierto y por lo tanto sujeto a otras inclemencias del tiempo, Santa Rosa de Ocopa parece ser un lugar más protegido, si bien las temperaturas no difieren mucho de las del valle abierto. El topónimo «Ocopa» parece derivarse del adverbio quechua ukhu o ukhupi, que significa «adentro» y, por extensión, lugar interior.

Lo que sigue es un inventario fotográfico de aves, íntegramente obtenido en el patio de entrada y el jardín interior de una antigua casa ubicada en la parte sur del pueblo de Santa Rosa. Hay flores que están en macetas en el patio de entrada, y flores y frutos en el jardín interior, de unos 120 metros cuadrados, donde la variedad de plantas incluye rosales (Rosa spp.), un ciruelo-cerezo generoso (Prunus cerasifera), un manzano (Malus sp.), un árbol de tumbos (Passiflora tripartita), dos cedrones (Aloysia citrodora) y un árbol de guinda (Prunus cerasus) que asoma desde un jardín vecino. Entre las plantas ornamentales hay geranios (Pelargonium spp.), dogos (Antirrhinum majus), salvias (Salvia leucantha), pensamientos (Viola spp.), cartuchos (Zantedeschia aethiopica), y narcisos (Narcissus assoanus), así como varias especies de Opuntia, entre otras plantas.

Esta vegetación no natural —pero establecida hace muchas décadas— es muy propicia para las diarias visitas de una notable variedad de aves, muchas de las cuales pasan desapercibidas, incluso para la gente local. Además de las dieciséis especies fotografiadas, hay en la zona un número mayor de especies de aves que no frecuentan los jardines.

Acerca de las fotos y las descripciones

Las fotos —de calidad variable, por decir lo menos— han sido obtenidas en cuatro visitas a esa casa, en febrero del 2020, julio del 2021 y febrero y julio del 2022.  Las especies, en su mayoría,  han sido observadas y fotografiadas en cada visita, si bien con más frecuencia en la temporada de lluvias. Al pie de cada foto se indica los nombres locales conocidos —que lamentablemente son pocos— del ave fotografiada, así como el nombre científico más reciente. Para otros nombres en castellano, se ha seguido las recomendaciones de la Sociedad Española de Ornitología y, en menor medida, las del libro Aves de Perú, de Thomas S. Schulenberg et al. (CORBIDI, 2010).

(De antemano, se agradecen sugerencias, así como correcciones que citen otras fuentes de información.) 

Texto y fotos: Domingo Martínez Castilla
Fotos: Santa Rosa de Ocopa, provincia de Concepción, región Junín, 2020-2022

Las aves

(Haga click en cada imagen para verla en tamaño más grande.)

Chihuaco, en árbol de guinda. Una de las aves emblemáticas de la sierra central, fácilmente reconocido por propios y extraños (febrero, 2020)
Turdus chiguanco
[Chiguanco, zorzal andino, mirlo chiguanco]



Picaflor de cola larga (macho), tomando néctar de flores de salvia (febrero, 2020). El mismo individuo observado hasta febrero del 2022, pero no en julio del 2022.
Lesbia nuna nuna
[Colibrí colilargo menor]

Picaflor verde, recolectando telarañas para hacer su nido en un rosal. Este picaflor es quizá el más común en el valle del Mantaro, pero este comportamiento resultó sorpresivo (marzo, 2022).
Colibri coruscans
[Colibrí rutilante]


Picaflor negro, en reposo en árbol de tumbo (Passiflora tripartita). Suele ocultarse dentro del follaje del tumbo. Frecuente, pero no fácil de fotografiar (marzo, 2022). Nótese el punto blanco detrás de los ojos.
Metallura phoebe
[Metalura negra, colibrí negro]




Pichuza, pichuchanca, gorrión (macho). Otra  pequeña y hermosa ave emblemática de la sierra peruana, abundante y ubicua en los jardines, muy querida por la gente.
Zonotrichia capensis
[Gorrión andino, chingolo común]

Paloma torcaza, tórtola, parada en el tejado. Otra ave muy frecuente en centros poblados andinos (febrero, 2020)
Zenaida auriculata
[Zenaida torcaza, tórtola torcaza]

Pepitero de pico amarillo, en un rosal. Pájaro grande y muy atractivo. Si bien para mí era desconocido hasta que tomé esta foto, es comensal regular del jardín, pero por visitas muy breves, poniendo especial atención a los frutos del ciruelo y de la guinda (febrero del 2020)
Saltator aurantiirostris albociliaris
[Pepitero piquigualdo, saltador de pico dorado]


Tangara de cabeza azul (macho), en árbol de guindas. Otra atractiva ave multicolor de visitas frecuentes y cortas (febrero, 2020)
Rauenia bonariensis darwinii (antes Thraupis b.)
[Tangara naranjera]


Yal peruano (macho), en árbol de guinda. Pájaro oliváceo, con cabeza y alas grises, visitante diario (febrero, 2022)
Phrygilus punensis
[Fringilo peruano]


Mielerito gris, en árbol de laurel, donde probablemente está su nido (febrero, 2020)
Conirostrum cinereum cinereum
[Conirrostro cinéreo]


Pinchaflor (macho), en árbol de guinda (marzo, 2022). Visitante muy frecuente de los geranios, a los que pincha en la base de las flores con su pico terminado en gancho.
Diglossa brunneiventris
[Pinchaflor gorjinegro]


Paloma moteada, con guinda en el pico (febrero, 2022). Especie nativa del mismo tamaño que la paloma doméstica, pero siempre de color gris y alas jaspeadas, y pico más pequeño.
Patagioenas maculosa albipennis
[Paloma de ala moteada]


Cucarachero (marzo, 2022). Sólo los picaflores son más pequeños que este omnipresente pajarito, que caza insectos, siempre solitario.
Troglodytes aedon
[Chochín criollo]


Jilguero (macho) (febrero, 2022). Visitante raro en el jardín, pero más común en los campos. De niño, mi padre y muchas personas los capturaban para tenerlos en jaulas y escuchar su potente y hermoso canto.
Spinus magellanicus (también Carduelis m.)
[Jilguero encapuchado]



Semillero gris, observado solamente en la fecha de esta foto (febrero, 2022). Ave pequeña.
Catamenia analis
[Semillero colifajeado, semillero de cola bandeada]


Huiracchuro macho (el nombre quechua se usa en Ecuador, como güiragchuro o variaciones). Observado solamente en dos días seguidos (febrero, 2022). Pájaro grande y muy atractivo, y debiera ser fácilmente observable si fuera más común en la zona.
Pheucticus chrysogaster
[Picogrueso ventriamarillo]


08 febrero 2022

Parihuanas en cielo negro, en Jauja

Muy cerca a Jauja, hay dos lagunas que son refugios importantes de muchas especies de aves acuáticas. Entre ellas, las más grandes, fotogénicas y espectaculares son las parihuanas (Phoenicopterus chilensis, o flamencos australes). Centenares de estas aves, maduras y juveniles, se alimentan y reproducen entre los totorales en la poco profunda laguna de Chocón/Tragadero y en un rincón escondido y silencioso de la laguna de Paca, más conocida por sus bulliciosos restaurantes y recreos.


El 7 de octubre del 2021, anunciando la inminente temporada de lluvias, era un día oscuro y tormentoso, aparentemente arruinado para la fotografía de aves silvestres. Pero por unos instantes, el sol poniente asomó por debajo de las nubes, reflejando su luz casi exclusivamente en los brillantes plumajes rosáceos  de las parihuanas y blancos de las garzas.

Texto: Jauja, 8 de febrero del 2022
Fotos: 7 de octubre del 2021




Parihuanas (Phoenicopterus chilensis) en un islote
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)


Parihuana (Phoenicopterus chilensis) en el agua
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)


Parihuana (Phoenicopterus chilensis) tomando vuelo
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)

Garza blanca (Ardea alba)
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)


Domingo Martínez Castilla

Fotos: Laguna de Paca, Jauja, Perú. 7 de octubre del 2021


08 marzo 2021

Siempre tuve suerte con las mujeres

Como alguien inventó el Día Internacional de la Mujer, reciclo acá un texto de hace 4 años, en el que hablo de mis mujeres internacionales, para quienes dedico mi afecto por 365.25 días al año.

Que sea el tiempo presente, pues es menester empezar por algún lado: cada día comparto mesa, sillón y lecho con una mujer que, sin cesar, marca hitos de afecto, lealtad, principios, conocimiento, dedicación, magisterio, investigación... Y una sonrisa como ninguna: franca y dulce, que lleva a donde vaya, desde las alturas de Pasco y Junín hasta los más remotos rincones de Misuri, pasando por las manyattas Masái, las comunidades bolivianas, los agricultores de Bengala occidental, o los salones académicos de tantos lugares del mundo, sin muestra alguna de arrogancia ni de humildad ensayada, sentimientos cuyo ejercicio ella no comprende. 
 
De ella, la hija ha heredado el ejemplo, que es mucha cosa: sola contra un mundo que no deja de ponerle obstáculos, la niña de ayer siempre tuvo que lidiar con cosas nuevas: de muy pequeña, recién vuelta al lugar donde nació, su lucha por comprender un idioma que no conocía y en el cual hoy es ella docta, o doctora para más precisión. Mientras crecía, iba enfrentando una cultura en la que su padre, especialmente, no era muy hábil, ella siempre avanzando con un carácter notable e igualmente leal, principista y luchadora.
 
Ahí están también las tres hermanas de toda la vida (ella era una santa, cantaría Gardel, pero de la santa me ocupo en seguida), tres mujeres distintas excepto en su increíble valentía y gracia para navegar por un mundo cambiante que no se parecía en nada al nido protector donde crecieron, nutridas, siempre, por otras mujeres. La hermana primera, madre de dos hijas y cuatro hijos, sacándolos adelante, por muchos años ella sola, y todo el tiempo trabajando por salario, trabajando por justicia en sindicatos y calles y, por supuesto, siendo madre infaltable. La hermana segunda que, por décadas y desde muy joven, asumió con enorme cariño la tarea de ser la columna vertebral de la familia, siempre lista para todo, siempre presente con su entusiasmo y vitalidad y con una generosidad literalmente sin límites. La hermana tercera, ausente prematuramente, vivió por justicia y equidad, sin dejar en el camino a ningún afecto previo: en su despedida, en el año 2000, las lágrimas de sus amigas de la infancia se mezclaban con las de maduros políticos y dirigentes sindicales, correligionarios y opositores, músicos y artistas, para rendir homenaje a una mujer que nunca dejó que las mezquindades propias de la política afectaran su alma limpia y luchadora, como ella escribió en Entre el amor y la furia, sus crónicas y testimonio. Tengo una cuarta hermana, mayor, que falleció hace algunas semanas, y a la que vi apenas unas pocas veces en mi vida: ella también fue excepcional, pues enviudó joven y sacó adelante a sus seis hijos, dos mujeres y cuatro hombres, cuyas vidas son un testimonio indiscutible de su carácter. 
 
«Ella era una santa», dice el tango «Silencio». Es la madre, pero no fue santa de vestir santos solamente. Huérfana de padre desde los seis meses de nacida, creció entre mujeres que tenían que haber sido fuertes en el Perú de hace cien años, herederas de tierras y prejuicios que mantuvieron una mezcla de dignidad frente a sus pares y arrogancia atávica hacia los demás, todo mientras su anticuado mundo se hacía trizas, pero siempre dándonos libros para protegernos. Creciendo en un universo cambiado, mi madre empezó a trabajar por un salario a los 45 años, de maestra escolar, mientras en los veranos estudiaba para sacar el título oficial de maestra. Todo eso para que a sus hijos no les falte nada, especialmente educación. La madre era mujer que raramente se enfadaba, dueña de un humor que por fino nunca dejó de ser sarcástico, incapaz de proferir insultos y enemiga del chisme. Amigos la recuerdan siempre como digna y sencilla, como una mujer dulce y tremendamente inteligente. Yo la recuerdo y sonrío. 
 
La familia sigue creciendo con mujeres fuertes y cabales: las sobrinas, ya madres, han heredado tibieza, carácter y decisión, así como independencia. Los sobrinos han igualmente buscado y hallado mujeres excepcionales para compartir vida y familia.

Tengo amigas, varias más queridas que el mejor de mis amigos: están en latitudes diversas, pero todas pertenecen a esa raza que tanto admiro: mujeres fuertes, trabajadoras, independientes (lo que no implica soledad), inteligentes, principistas, todas con una extraña cualidad: me soportan. Algunas incluso son parientes. ¡Y las veo tan poco! 
 
Les ruego a todas y cada una que acepten este pequeño e imperfecto recuento. Y todo mi cariño y admiración.

Sí, siempre tuve suerte con las mujeres.

(Suelo rechazar los días arbitrarios en los que se nos obliga a festejar o conmemorar gentes y acontecimientos, pero esta vez sentí una necesidad muy fuerte de decirles a todas cuánto aprecio la suerte de tenerlas.)

Texto escrito el 8 de marzo del 2017

02 noviembre 2020

Ciberayllu: vida, pasión y catatonia de la primera publicación peruana de alcance global

(Una versión previa de este texto fue dicha si no necesariamente leída en el Séptimo Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero, en Poitiers, Francia, octubre del 2015. Ligeramente editado, el texto sirve para marcar el aniversario número 24 de la aparición de Ciberayllu.)


Resumen

Ciberayllu, una de las publicaciones pioneras en lengua castellana en la World Wide Web, apareció a fines de 1996 con nueve escritos de cinco autores peruanos.  Durante catorce años continuó su actividad regular, hasta acumular más de mil contribuciones y escritos de cerca de doscientos autores, en su gran mayoría escritores  e intelectuales peruanos y peruanistas, tanto miembros de la diáspora como residentes en el Perú.  Poesía, historia, narrativa y crítica aparecieron en sus páginas firmadas por un significativo número de escritores de varias generaciones, incluyendo a poetas y narradores que hoy constituyen parte importante del canon literario contemporáneo del Perú, así como a historiadores y científicos sociales de instituciones educativas de muchas partes del mundo.

Para el editor de prácticamente todos los escritos aparecidos en Ciberayllu, este texto es una primera y necesaria instrospección de la vida, pasión y catatonia actual de la que, desde su inicio, fue una «Sospechosa publicación de periodicidad dudosa y propósitos difícilmente confesables».  El falso kuraka del inexistente ayllu recuerda el cómo y el cuándo, que están registrados en la memoria y el abundante intercambio epistolar entre editor y autores.

Ciberayllu (www.ciberayllu.org) continúa disponible en la red global, y sus escritos siguen siendo leídos y citados con regularidad.

27 marzo 2020

Sin embargo, se mueven

Homo sapiens se esconde, asustado; Pelecanus erythrorhynchos no


Mientras los abundantes miembros de la especie Homo sapiens están… estamos limitando nuestros movimientos al mínimo indispensable, las otras especies animales y vegetales continúan con sus rutinas de supervivencia y adaptación, tal como lo hicieron en otros tiempos, es decir hace cinco semanas, años, siglos. Y como lo seguirán haciendo mientras no sigamos modificando el planeta. En este mes de marzo del año del  Coronavirus dos mil veinte, animales y plantas, hongos y bacterias, están todos muy activos ajustándose al cambio de estaciones, pues  la primavera boreal y el otoño austral empiezan en estos días.
El movimiento global de los seres humanos se ha casi suspendido por algunas semanas: el mundo se siente más ligero, más limpio, y está más disponible para el resto de seres vivos, que continúan con sus migraciones anuales por aire, mar y tierra.
Por ejemplo, cerca de donde este escriba vive, cientos de pelícanos blancos americanos (Pelecanus erythrorhynchos) se detuvieron a reposar en unas lagunillas creadas por Homo sapiens. Estas enormes aves están migrando hacia sus áreas de reproducción, en las praderas más septentrionales de América del Norte. Aquí sus fotos.



Pelecanus erythrorhynchos, Missouri
Bandada de aves migrantes.
Misuri, EE.UU. Mayo, 2020 (Clic para ver imagen ampliada)

Pelecanus erythrorhynchos
Misuri, EE.UU. Mayo, 2020 (Clic para ver imagen ampliada)

Pelecanus erythrorhynchos
Misuri, EE.UU. Mayo, 2020 (Clic para ver imagen ampliada)

Domingo Martínez Castilla

Fotos: Eagle Bluffs Conservation Area, Condado Boone, Missouri, EE.UU. 6 de marzo del 2020