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24 enero 2023

Cinco epidemias de viruela en Jauja en el siglo XIX

Resumen

La pandemia actual de COVID-19 ha causado que el estudio de las epidemias haya adquirido, nuevamente, importancia global. Históricamente, la viruela ha sido una de las enfermedades más mortíferas de la humanidad. El presente trabajo muestra cómo esta enfermedad afligía periódicamente a la ciudad andina de Jauja y lugares aledaños, sobre la base de registros de entierros o defunciones de los libros parroquiales de la segunda mitad del siglo XIX. 


Introducción

En la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja, los registros de entierros disponibles en Internet (a diciembre del 2022) van desde el 12 de febrero del año de 1785 hasta el 3 de noviembre de 1969. El texto de la primera partida es el siguiente:

[Al margen:]
Da. Manuela
Mendiguren
Española viuda
de
Jauja

En dose de febrero de mil setecientos ochenta y sinco años di Sepultura Eclesiastica al Cuerpo difunto de da. Manuela Mendiguren, viuda de don Pedro Alcayde Monje de edad de sesenta años al parecer que murio haviendo recivido los santos sacramentos como Catholica y fiel Christiana. Testigos el Sacristán mayor Josef Tapia y Gregorio Sinche y lo firmé.

Dr. José Antonio de la […] 

Las otras partidas que aparecen en esa página son las siguientes: Joseph Manuel Flores, indio casado de Huamanga; Joseph Ramos, indio soltero de Páucar; María Francisca Bullón, española viuda de Jauja; y Eugenio Guerrero, indio casado de Jauja.


Primera partida del Libro 1 de defunciones, parroquia de Santa Fe de Jauja
(Fuente: FamilySearch.org: Peru, Catholic Church Records, 1603-1992. Junín, Jauja, Santa Fe: Defunciones 1785-1820)

Con algunas variaciones, la misma fórmula se repite en gran parte de las partidas de las siguientes décadas: fecha, nombre, estado civil, etnicidad, edad aproximada, testigos y firma. En el margen aparece el lugar, sin que quede claro si pertenece al lugar de origen o al lugar del entierro.

De interés para este artículo, es de resaltar que, hasta mediados del siglo XIX, son poco consistentes los registros de entierros de párvulos en los libros parroquiales de Jauja. Igualmente, por lo general no se mencionaba la causa de fallecimiento, excepto en casos de muertes violentas o inusuales, con rara mención de enfermedades. Desde principios del siglo XIX, se observa con frecuencia el fallecimiento de forasteros «convalecientes» provenientes de muchas partes del virreinato y posteriormente la república, lo que sugiere que Jauja ya tenía fama de lugar de sanación para enfermos.

No es posible saber qué enfermedades eran las más frecuentes causantes de fallecimientos, por lo menos hasta finales de la década de 1850, cuando empieza a aparecer «muerte natural» como la causa predominante de decesos. También por ese periodo, se hace más consistente el registro de fallecimientos de párvulos.


Viruela

La viruela ha sido una de las enfermedades más temidas a lo largo de la historia de la humanidad. El contagio era muy rápido y con una alta mortalidad, en promedio, 30 por ciento de la población infectada. Los sobrevivientes, a veces con visibles cicatrices permanentes («marcados de viruela»), quedaban inmunizados de por vida. La consecuencia de la alta virulencia y de la tasa de mortandad, era que la población sobreviviente resultaba inmunizada. Los niños, sin embargo, carecían de esa protección, y eran las víctimas de las olas de viruela que aparecían en casi todos los lugares una o dos veces por cada década. (Descripción de la viruela por la Clínica Mayo)

De origen eurasiático, la viruela fue la más mortífera de las enfermedades europeas que, a partir del año 1492, causaron el colapso demográfico en el continente americano, que a su vez significó la destrucción de las civilizaciones americanas, incluyendo al Tawantinsuyu incaico. (Véase: Martínez Castilla, D.  Al germen lo que es del germen: enfermedades europeas y destrucción de la civilización andina. Márgenes, 1993.  Disponible en Ciberayllu.)

La viruela fue también la primera enfermedad para la cual se desarrollaron vacunas, que empezaron a difundirse por Europa y el mundo a principios del siglo XIX. El término mismo «vacuna» tiene su origen en que las inoculaciones provenían de ganado vacuno infectado con la viruela bovina. La viruela fue finalmente erradicada en todo el mundo el año 1980, luego de una campaña mundial de vacunación entre los años de 1967 y 1970. 


La viruela en los libros parroquiales de Santa Fe de Atun Jauja

En Jauja, el primer registro de muerte por viruelas aparece en el libro 6 de defunciones, a fojas 136 vuelta, el 27 de agosto de 1859, de un «indio adulto» del pueblo de Yauli. (Debe entenderse con claridad que se trata del primer registro en los libros, y que no significa en modo alguno que no haya habido casos de viruela en periodos anteriores.) Casi todos los registros que rodean a esta fecha indican «muerte natural» como causa de fallecimiento. También se incluye, cada vez más, párvulos entre los fallecidos, normalmente sin indicar la causa del fallecimiento.

Entre agosto de 1859 y febrero de 1860, hay solamente trece casos de muerte por viruela en los libros parroquiales, provenientes de lugares dispersos, desde Ricrán al norte hasta el Tambo (hoy parte del distrito de Sausa).

Posteriormente, los casos de fallecimientos por viruela que se ha podido identificar en los libros del siglo XIX de la parroquia de Jauja, son los siguientes:

Cuadro 1: Defunciones por viruela, parroquia de Jauja, 1865-1899

Periodo Entierros
Diciembre 1865 a enero 1866 48
Enero a noviembre, 1872 440
Marzo 1873 a octubre 1874 6
Noviembre 1874 a junio 1876 747
Enero a octubre 1877 92
Mayo 78 1
Junio 1879 a septiembre 1880 839
1880 o 1881  46
1881 12
Enero a agosto 1882 23
Noviembre 1982 a agosto 1883 34
Octubre a diciembre 1883 23
Enero a diciembre 1884 99
Enero a diciembre 1885 147
1886 7
1887 0
1888 2
Febrero 1890 a abril 1891 727
Octubre 1894 a diciembre 1895 612
1896 18
1898 1
1899 1

En el cuadro 1 se observa con claridad la periodicidad de los brotes y la mortandad que causaban cuando se convertían en epidemias.

El periodo entre epidemias mayores fluctúa entre los tres y los cinco años. Cada epidemia duró entre ocho y veinte meses, como se observa en el cuadro 2. En la lista siguiente se incluye el periodo 1884-85 como el de otra probable epidemia; en esos años, los registros parecen haber sido afectados por las convulsiones sociales de la guerra civil que siguió a la invasión chilena. 

Cuadro 2: Magnitud y duración  de los brotes de viruela, parroquia de Jauja, 1865-1899

Brote epidémico Entierros
Duración
(meses)
Epidemia de 1872 440 11
Epidemia de 1874-76 747 20
Epidemia de 1879-80 839 15
Periodo 1884-1885 246  
Epidemia 1890-91 727 14
Epidemia 1894-1895 612 14

Esta mortandad era casi exclusivamente de niños menores de 5 años. Los fallecidos de mayor edad eran notoriamente raros porque, como se mencionó, la población adulta estaba compuesta de sobrevivientes de las olas anteriores, lo que les proporcionaba inmunidad de por vida. (Es posible, también, que ya hubiera por entonces algunos adultos vacunados, pero confirmar esta información requiere otras fuentes.)

Siguiendo la evolución temporal de las epidemias, en los párrafos que siguen se observará claramente que el número de casos por mes es inicialmente muy pequeño, para luego incrementarse rápidamente, y luego disminuir, también con rapidez, hasta hacerse prácticamente cero.


Epidemia de 1872: 440 registros

Luego de algunos casos de viruela a fines del año 1871 y los primeros días de enero de 1872, el 29 de enero de ese año, en la página 376 del libro 10 de defunciones de la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja, se registra el entierro de un párvulo de cinco meses, de nombre Mateo Vásquez Jumpa, hijo de José y de Juana, del caserío de Páucar: «murió de virhuelas», se indica en la partida. En los días siguientes, en febrero, se registran quince casos más en otros diez lugares. En los meses siguientes, los fallecimientos por viruela son, sucesivamente, 26, 65, 88 (mayo), 85, 67, 44, 29, 17 y, en noviembre, solamente 3 casos. Los lugares con más casos son Jauja (66 fallecimientos), Acolla (63), Marco (35), Huertas (35) y Yauli (25). Los lugares con más fallecimientos suelen ser los centros poblados más grandes, que eran la ciudad de Jauja y los pueblos de Acolla y Marco. En esta epidemia, los más pequeños centros poblados de Huertas y Yauli fueron castigados muy duramente. En total, 440 jaujinos, casi todos menores de 5 años, de muchos lugares y de todas las condiciones socioeconómicas, fallecieron por viruela.

El mapa adjunto permite ver muchas de las localidades que aparecen en los registros parroquiales de Jauja y que se mencionan en este artículo. No aparecen algunos lugares más alejados: al norte, Paca Paccha y Ricrán; al noroeste, Yanamarca, El Tingo, Tingo Paccha y Cachi Cachi; Janjaillo al oeste; Quero al este; y más lejos, al noreste, el pueblo de Monobamba.


La parroquia de Jauja (en rojo) y comunidades aledañas.
(Fuente: Google Earth Pro]
[Haga click para ver imagen más grande]

Es difícil hoy imaginarse la angustia que la aparición de la viruela habría causado en padres de niños pequeños. En Jauja, por ejemplo, la familia Madrid Dávila perdió a dos niñas de 6 años, probablemente mellizas, en cuatro días en el mes de mayo; a fines de junio de 1872, la familia Landa Cabello perdió a una niña de un año, y nueve días después a un niño de 5 años; también en esos días, la familia Saravia Peña enterró a una bebé de 50 días y a un niño de 2 años.

(Es importante subrayar que estos números deben considerarse como solamente referenciales, pues en realidad se ignora cuántas personas podrían haber sido enterradas sin reportarlas a la parroquia, especialmente en zonas rurales. Adicionalmente, algunos pueblos tenían cementerios con personal —a veces llamados fabriqueros— que anotaban los entierros y luego pasaban la información a la parroquia principal, a veces con bastante demora, como es el caso de los datos de Ricrán y Monobamba, pueblos alejados que reportaban a la parroquia de Jauja.)


Epidemia de 1874-76: 747 registros

Luego de haberse anotado solamente seis muertes por viruela entre marzo de 1873 y octubre de 1874, hubo ocho fallecimientos en el caserío del Tambo entre el once de noviembre y el día de navidad de ese año: los niños fallecidos parecen haber sido parientes muy cercanos, pues casi todos tenían García como uno de sus apellidos. La enfermedad se difunde y cobra luego víctimas muy rápidamente: 14 en enero de 1875, 51 en febrero, 14 en marzo, llegando a 90 en septiembre, para disminuir gradualmente hasta tener sólo 15 casos en abril de 1876, y 10 casos más entre mayo y junio. En esta ola, que duró 20 meses, hubo un total de 747 fallecimientos atribuidos a la viruela. Como es de esperarse, Jauja (83 fallecimientos), Acolla (76) y Marco (68) son los lugares donde se registran más fallecimientos. Entre las otras localidades, esta epidemia castigó muy duramente a Chunán (50 muertes), Yauli (53), Masma (43), Huertas (43), Julcán (38), Paca (38), Pancán (37) y Concho (33).

En los primeros meses de 1877 se cuentan 92 muertes por viruela, aparentemente un brote menor que afectó principalmente a Acolla (30 fallecimientos), Yauyos (14), Jauja (10) y Ataura (10). Al año siguiente, 1878, se registra una sola muerte atribuida a la viruela.


Epidemia de 1879-80: 839 registros (más 46 probables)

El primer caso de este brote, del 18 de junio de 1879, se registra en Chunán; en julio hay tres casos más en Chunán y dos en el vecino pueblo de Pancán (a veces escrito como Pancá). En agosto, la enfermedad se extiende por pueblos vecinos: Molinos, Sacsá, Marco, Yauli, Concho, Acolla y Jauja, para un total de 23 muertes. La mortandad siguió aumentando mes a mes: 41 en septiembre, 66 en octubre, 100 en noviembre, llegando a 170 en diciembre de 1879 y 154 en enero de 1880, para luego disminuir gradualmente hasta llegar a 12 casos en agosto y solamente uno en septiembre de 1880.

Esta vez, además de Jauja (78 muertes), Acolla (75) y Marco (71), los centros poblados proporcionalmente más afectados fueron Molinos (65), Yauli (61), Ricrán (46), Huertas (44), Paca (42), Pancán (42), Chunán (40) y Yauyos (40). En total, hubo 839 registros de muertes por viruela en los 15 meses de este brote. 

Adicionalmente, hay 46 casos de muerte por viruela que aparecen fuera de lugar y que podrían ser parte de la misma epidemia: 25 casos en el libro 13 de Defunciones (entre las partidas 781 y 804), donde no es seguro si se trata de partidas de 1880 o de 1881, porque hay enmiendas y cierto desorden cronológico; 20 casos de Monobamba, que aparecen en los libros 13 y 14, y un caso suelto de Acolla. 


1881-1885: Los años de la invasión chilena, la campaña de la Breña y la guerra civil

Este periodo de gran convulsión social se refleja también en los libros parroquiales, que muestran algunas lagunas y cierto desorden en el registro de datos, muy notablemente en el libro 14 de defunciones. Normalmente, las partidas se inscribían en orden cronológico, pero este libro empieza con partidas de 1877 correspondientes a Ricrán y a Monobamba. A éstas le siguen partidas de 1882, pero agrupadas por centro poblado y no cronológicamente. Es muy probable que este libro se llenó tardíamente a partir de borradores guardados por algún tiempo. En general, la información de este periodo no ofrece la misma confianza de otros años, por lo que los datos deben considerarse solamente referenciales. 

En 1881, hay doce casos de viruela (sin incluir los 46 casos dudosos), y entre enero y agosto de 1882 otros 23 casos, y 94 entre noviembre de 1882 y agosto de 1883.


Probable epidemia de 1883-85

Entre octubre de 1883 y diciembre de 1885, se registran 269 muertes por viruela. En razón de la periodicidad ya evidente en las epidemias anteriores, es altamente probable que haya habido un brote importante en este convulsionado periodo. Tanto la irregularidad de los datos como las dificultades inherentes a un periodo de guerras podrían sesgar las conclusiones resultantes de información incompleta.

En los cuatro años siguientes (1886-1889) aparecen solamente nueve casos de muerte por viruela, que es un número sumamente bajo. Es de notar, por otro lado, que entre diciembre de 1888 y junio de 1889, hay un fuerte brote de sarampión, que se inicia en Jauja y luego se extiende por muchos otros lugares aledaños.


Epidemia de 1890-91: 727 registros

La viruela vuelve a hacerse presente en febrero de 1890, con un caso en Jauja y otro en Masma. En marzo hay tres casos, ocho en abril, y 17 en mayo, pero hasta ese momento solamente diez localidades se ven afectadas. En junio, los 38 casos registrados por la parroquia se dan en 17 centros poblados. De manera bastante similar a las epidemias anteriores, en los meses siguientes las muertes por viruela se extienden por muchos lugares y se incrementan mucho más rápidamente: 83 en julio, 163 en agosto, 162 en septiembre y 106 en octubre, para luego declinar a 68 en noviembre y 31 en diciembre de 1890, y 36 en enero de 1891. Febrero registra apenas 9 casos, ninguno en marzo, y uno solo en abril.

Esta fuerte epidemia de 1890-91 tiene algunas particularidades que viene al caso resaltar. Lo más notable es que las comunidades para las que se registran más fallecimientos no son Jauja, o Acolla o Marco, sino el más pequeño y más alejado pueblo de Concho, donde fallecieron 87 niños. De éstos, 77 murieron en sólo 4 meses, periodo en el cual las familias de este pueblo deben haber sufrido mucho. El pueblo de Marco, muy cercano a Concho, también fue afectado fuertemente por esta epidemia, con 73 muertes, 65 de las cuales se dieron en solamente 3 meses, al mismo tiempo que las de Concho. Los apellidos de los fallecidos son fácilmente reconocibles hoy en día, por tratarse de antiguas familias: Capcha, Mallma, Rosales, Tabraj, en Concho; Camarena y Manyari, en Molinos; Pahuacho, en Chuclú (antes escrito como Chucllú); Carhuancho, Achic-huamán y Urcuhuaranga, en Huertas. Hay también apellidos que se encuentran más ampliamente distribuidos en varios centros poblados: Galarza, Castro, Esteban, Huatuco, Misari, Aquino y otros. La viruela no hacía distingos. (Domingo Martínez, bisabuelo de quien esto escribe, vio morir a una hija suya de 6 meses en 1890.)

Otras localidades fuertemente afectadas en esta epidemia fueron Jauja (58 muertes), Ricrán (41), Monobamba (40), Acolla (38), Masma (37), Julcán (33) y Molinos (33). La enfermedad también afectó a muchas otras comunidades dependientes de la parroquia de Jauja.

(Una observación sobre los libros de defunciones de este periodo: el libro 18 incluye partidas desde octubre de 1890 hasta noviembre de 1891, si bien en la última página hay dos partidas atrasadas de junio y julio de 1891. El libro 19 continúa con noviembre de 1891 por las nueve primeras páginas, pero las páginas 10-67 contienen partidas desde julio de 1890 hasta febrero de 1891, cuyos borradores se habían extraviado, como lo indica una nota en la página 10.)


Epidemia de 1894-95: 612 registros, en una parroquia de menor tamaño

Entre mayo de 1891 y septiembre de 1894, la viruela prácticamente desaparece como causa de muerte en los libros de defunciones de la parroquia de Jauja. En octubre de 1894 hay un solo caso de muerte por viruela, en la propia ciudad de Jauja. Luego, hay doce casos en diciembre, 19 en enero de 1895, y 28 en febrero. Los meses siguientes ven aumentar los decesos por viruela: 50 en marzo, 82 en abril, 82 en mayo, 68 en junio para volver a subir a 87 en julio y llegar a 98 en agosto, para luego descender en septiembre (35 casos), octubre (21), noviembre (21) y finalmente 8 en diciembre. De diciembre de 1894 a diciembre de 1895, la viruela ocasionó la muerte de 612 personas registradas por la parroquia.

Los pueblos más afectados por la epidemia de 1894-95 en la parroquia de Jauja fueron: Jauja (98 casos), Masma (60), Molinos (52), Huertas (50), Paca (50), y Ricrán (41).

Es muy importante notar que la parroquia de la Bendita Magdalena de Marco —como la denomina su primer párroco, el Dr. Don Gerardo Gamarra— empieza sus propios libros en diciembre de 1894, incluyendo en sus registros dos de los pueblos más grandes que hasta ese momento habían sido incluidos en la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja: Marco y Acolla. Además de estos pueblos, los registros de Marco incluyen a Concho, el Tingo, Tingo Paccha, Cachi Cachi, Yanamarca e incluso el más alejado pueblo de Acaya. Más importante aún es la gran cantidad de muertes por viruela que se registran entre febrero de 1895 y febrero de 1896: en total, la parroquia de Marco muestra 187 defunciones por viruela en ese periodo. (Los libros parroquiales de Marco son de por sí interesantes, y podrían ser objeto de análisis posteriores.) Si se añaden, entonces, los casos de viruela de las parroquias de Marco y de Jauja hacen un total de 799 casos.


Coda

A modo de conclusión, algunas observaciones y aclaraciones respecto a este análisis de la viruela en Jauja en el siglo XIX:

  • El hecho de que la viruela aparezca primero en un lugar determinado no significa que se origine en ese lugar. La viruela era una enfermedad «viajera» y oportunista, que al encontrar personas no inmunizadas (casi exclusivamente niños), se extendía rápidamente hasta contagiar prácticamente a todos los individuos susceptibles, de los cuales 3 de cada 10 sucumbían.
  • La distancia entre dos centros poblados vecinos, adscritos a la parroquia de Jauja, es por lo general menor de 4 kilómetros, lo que hacía muy probable una expansión muy rápida de la epidemia. Los pueblos que aparecen en los libros parroquiales están en su mayoría en agrupamientos bastante claros: el valle de Yanamarca (Marco, Acolla, Concho, Chocón); la zona al este de la laguna de Paca (Huertas, Pancán, Chunán, Hualá, Yauli); y la ciudad de Jauja y comunidades aledañas (Yauyos, Huancas, el Tambo). Entre estas poblaciones y caseríos, los movimientos de gente eran muy frecuentes, sea por el intercambio comercial de productos agrícolas, o por el movimiento estacional de trabajadores.
  • Los brotes en lugares más alejados como Ricrán y especialmente Monobamba, que es más cercana a la Amazonía, podrían haberse originado por otras rutas.
  • Los brotes de viruela revisados en este trabajo, no parecen sujetarse a la estacionalidad climática, pues se originan en periodos variables: febrero de 1872, diciembre de 1874, agosto de 1879, abril de 1890 y enero de 1895. Igualmente, los meses más mortíferos son diversos: mayo en 1872, septiembre en 1875, diciembre en 1880, agosto en 1890 y en 1895. Esta falta de estacionalidad subraya el carácter oportunista de la viruela, y el hecho de que la virulencia era bastante independiente de las condiciones climáticas. (En la región central del Perú hay básicamente dos «estaciones»: la temporada de lluvias, entre octubre y marzo, y la temporada seca, el resto del año.) 
  • Los datos parroquiales permitirían medir el impacto relativo de la viruela en la mortalidad infantil, comparando los años de epidemia con los años sin viruela, pero tal análisis requiere de más tiempo y de más claridad metodológica (por ejemplo, es probable que la mortalidad infantil sea relativamente menor inmediatamente después de una epidemia de viruela).

Domingo Martínez Castilla
Enero, 2023


Referencias

Mayo Clinic. "Viruela".  https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/smallpox/symptoms-causes/syc-20353027 (Acceso: 22 de enero, 2023)

Martínez Castilla, D. (1993). Al germen lo que es del germen: enfermedades europeas y destrucción de la civilización andina. Márgenes, 6(10), 233-252.  Disponible en Ciberayllu.)

"Perú, registros parroquiales y diocesanos, 1603-1992," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9392-CJ9D-MG?cc=1877097&wc=MPZ9-JWL%3A174499301%2C180540801%2C180540802%2C181564701 : 21 May 2014), Junín > Jauja > Santa Fe > Defunciones 1820-1875

"Perú, registros parroquiales y diocesanos, 1603-1992," database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9392-CGZ3-H?cc=1877097&wc=MPZD-T38%3A174499301%2C180540801%2C180540802%2C181603801 : 21 May 2014), Junín > Jauja > Santa Fe > Defunciones 1875-1903 >

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Para citar este artículo:

Martínez Castilla, Domingo, «Cinco epidemias de viruela en Jauja en el siglo XIX», Título provisional (blog), 20230124 <https://domingo.martinezcastilla.com/2023/01/cinco-epidemias-de-viruela-en-jauja-en.html>

03 enero 2023

Sobre los libros parroquiales


Resumen

Los libros parroquiales de bautismos, entierros y matrimonios, son importantes fuentes de datos familiares y demográficos, tanto durante la época colonial como en las primeras décadas republicanas. En las partidas o registros de los libros, también se filtra indirectamente mucha información sobre la sociedad local de esos periodos. Los libros de la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja [sic], en el centro del Perú, serán la fuente de algunos artículos sobre la sociedad colonial y republicana de Jauja, una antigua ciudad peruana.

Introducción

En el Perú, como en muchos otros países de tradición cristiana en general y católica en particular, los registros parroquiales del periodo colonial y de las décadas iniciales de la república, son una muy importante fuente de información demográfica local. Normalmente, las doctrinas o parroquias llevaban registros de bautismos, matrimonios y entierros. Los libros bautismales y de entierros eran los únicos registros aproximados de nacimientos y defunciones respectivamente, hasta el establecimiento de los registros civiles que, si bien oficialmente instituidos en 1852 (véase, por ejemplo, Chiaramonti, 2000), fueron prácticamente inexistentes hasta los años posteriores a la guerra del Pacífico.

Los libros parroquiales de bautismos, entierros y matrimonios eran, pues, los únicos registros vitales existentes hasta las últimas dos décadas del siglo XIX. Antes de utilizar o analizar la información de estos libros parroquiales, hay algunas de sus características que vale tener en cuenta:

  • Variabilidad: Tanto el contenido como la extensión de cada registro parecen depender mucho de las distintas idiosincrasias de los curas, lo que dificulta hacer inferencias estadísticas y comparaciones entre diversos periodos. 
  • Caligrafía: La calidad de la escritura es también altamente variable. Entiéndase que no eran necesariamente los propios curas quienes escribían en los libros parroquiales. Los encargados eran amanuenses con variados niveles de educación y experiencia. Plumas y lápices también cambiaban mucho, yendo de lo casi ilegible al exceso de tinta.  En general, pero no necesariamente, los libros más antiguos son más difíciles de leer que los más recientes.
  • Ortografía de nombres: Cambia mucho, y muestra las dudas de los curas o amanuenses, incluso dentro de una misma partida. Hay un caso en que la misma partida contiene tres formas distintas de escribir un apellido: Aylas, Hailas, Ailas. Hay también apellidos que se escriben de muchas maneras. Un ejemplo especial es el apellido Egoavil, que aparece escrito de las siguientes maneras: Egoabil, Guabil, Guavil, Hegoavil, Guabel, Yguabel y quizá otras.
  • Ortografía general: el castellano andino, con el sustrato quechua que lo caracteriza, suele aparecer en la escritura fonética, muy frecuente entre los amanuenses.

Borradores y libros «en limpio»

La información que aparece en los libros parroquiales sugiere que los datos de cada bautismo, matrimonio o defunción eran inicialmente registrados en borradores que contenían la información básica del evento (lugar, fecha, nombre, testigos, padrinos, y otros detalles) y que luego los amanuenses de la parroquia los pasaban en limpio, incluyendo las formas y estilos acostumbrados en cada periodo o por cada párroco. Esto es particularmente claro en la información de los pueblos y anexos de la parroquia, que corresponden a lo que hoy son distritos y centros poblados, así como algunas antiguas haciendas y asientos mineros. Lugares más alejados pasaban la información a veces correspondiente a varios meses, y los amanuenses de la iglesia principal las pasaban a los libros, interrumpiendo a veces el orden cronológico del libro.

Libros en la parroquia de Jauja

Los libros de la doctrina o parroquia de Santa Fe de Atun Jauja, así como de muchas otras parroquias y registros civiles, han sido digitalizados por la Sociedad Genealógica de Utah, y están disponibles para consulta en el sitio web www.familysearch.com. Los libros correspondientes a Jauja abarcan (a diciembre del 2021) los siguientes periodos:

  • Bautismos: desde 1757 hasta 1991
  • Matrimonios: desde 1869 hasta 1991
  • Entierros o defunciones: desde 1785 hasta 1969

Hay partidas, páginas, y probablemente algunos libros perdidos, así como periodos en los que las convulsiones sociales e históricas parecen haber afectado la integridad de los registro de partidas.

Contenido de las partidas

  • Bautismo
    • Datos mínimos: Fecha, nombre de pila del bautizado, nombre de por lo menos uno de los progenitores, nombre de padrino o madrina
    • Otros datos frecuentes: lugar del bautismo, lugar de nacimiento, edad del bautizado, raza o etnicidad, «legitimidad», testigos
  • Matrimonio
    • Datos mínimos: Fecha, Nombres de los contrayentes
    • Otros datos frecuentes: lugar de nacimiento de los contrayentes, «legitimidad» y «raza», nombres de los padres de cada contrayente, nombres de los padrinos, testigos
  • Defunción o entierro
    • Datos mínimos: Fecha del entierro, nombre y origen del difunto, lugar del entierro
    • Otros datos frecuentes: edad estimada, nombres de los progenitores, causa del fallecimiento, testigos, nombre de cónyuge, número de hijos  

Centros poblados en los libros de la parroquia de Jauja

Los registros del siglo XIX disponibles en la Parroquia de Jauja incluyen principalmente a pueblos (hoy distritos o centros poblados) que eran anexos de la parroquia. Había otras doctrinas o parroquias en la jurisdicción de Jauja, que mantenían sus propios libros.

Durante el siglo XIX, existían en lo que es hoy la provincia de Jauja las siguientes doctrinas o parroquias:

  • Santa Fe de Atun Jauja
  • Natividad de Nuestra Señora de Apata (Huamalí, San Lorenzo, vice parroquia Ntra Sra de la Asunción)
  • San Miguel de Huaripampa (San Juan de Muquiyauyo, Muqui, Santiago de Paccha, Pachacayo, Santa Rosa de Llocllapampa, San Francisco de Canchayllo)
  • Santa Ana de Sincos (desde 1834)
  • La Ascención de Mito (hoy distrito de la actual provincia de Concepción)
  • Marco (desde 1891)

Las siguientes localidades son las que están incluidas en los libros de la parroquia de Santa Fe de Atun Jauja:

Acaya, Acolla, Ataura, Chocón, Chucllú, Chunán, Concho, Hualá, Huancas, las Huertas, Janjaillo, Jauja, Julcán, Marco, Masma, los Molinos, Monobamba, Paca, Pacapaccha, Pancá y Pancán, Páucar, Ricrán, Sacsá, el Tambo, el Tingo, Tingo Paccha, Yauli, los Yauyos.  Otras localidades que aparecen con menos frecuencia son Apaicancha, Cachicachi, Condorsinja, Curicaca, Huasquicha, Ocsapampa, Paccha, Pachascucho, Pichos (Pichus), Pomate, Quero, Quishuarcancha, Taptá, Yacus, Yanamarca

Adicionalmente, hay algunas partidas de personas pertenecientes a otras parroquias aledañas (como Huaripampa, Apata, Mito, Sincos, y Concepción).

Informaciones sobre la sociedad local

La lectura cronológica de los libros parroquiales permite también vislumbrar facetas de la organización social. Por ejemplo:

  • La frecuencia con la que determinados personajes son padrinos de bautismo, que suele indicar el rango social de o la importancia política de estas personas
  • La utilización de ciertas formas de lenguaje indican también los grupos sociales y su persistencia o variación en el tiempo: don, doña, indio, indio noble (siglo XVIII), mestizo, criollo, casta, cholo, español, esclavo, mulato, zambo, europeo
  • Hijos de «padre no conocido»
  • Niños expósitos (expuestos o «botados»)
  • Detalles aislados de personas y hechos inusuales, como asesinatos y fusilamientos, personas ahogadas, desbarrancamientos, y otros.

En entregas posteriores en este blog, se presentarán artículos con información obtenida principalmente de los libros parroquiales de Jauja y, ocasionalmente, de algunas otras parroquias del valle de Jauja, hoy conocido como valle del Mantaro.

Una nota personal

Con la intención de resolver algunas lagunas respecto a mis antepasados, hace pocos años empecé a familiarizarme con los libros parroquiales. Inicialmente, las búsquedas fueron poco metódicas, y fue posible encontrar algunos datos y personas que estaba buscando, y muchos que no sabía que existían. Era como buscar unas hojas en un bosque tupido y, poco a poco, ir descubriendo no sólo otras hojas de mil formas, sino también flores, árboles, arbustos: es decir,  información no solamente de otras personas, sino de las relaciones existentes entre ellas y, más allá, de aspectos de la vida diaria y de algunos acontecimientos históricos: guerras, enfermedades, compadrazgos, chismes, personajes especiales, se presentan explícitamente, y otras  como piezas de rompecabezas históricos. La lectura secuencial de los libros parroquiales ofrece, además, la posibilidad de encontrar información genealógica extemporánea, como partidas inscritas por disposiciones eclesiásticas y civiles.

Partida de bautismo de Alejo Martínez Lira, 7 de enero de 1787.
Parroquia de Santa Fe de Atun Xauxa, Libro 3 de bautismos, a fojas 77 vuelta.
(Haga click en la imagen para verla ampliada.)
(Fuente: familysearch.org)

Domingo Martínez Castilla
Enero, 2023


En este blog:




Referencias

Fuente principal de datos: Sitio web FamilySearch (https://www.familysearch.org/es/)

Chiaramonti, G. (2000). La ley y las costumbres. Apuntes sobre los registros civiles y los libros parroquiales en el Perú de la segunda mitad del siglo XIX (1857-1879). Revista Complutense de Historia de América, 26, 199-199.


29 octubre 2022

Dieciséis especies de aves en un jardín de Santa Rosa de Ocopa, en el valle del Mantaro

Santa Rosa de Ocopa, en el valle del Mantaro

Santa Rosa de Ocopa, al lado oriental del valle del Mantaro, está en un rincón abrigado y escondido. Hoy los eucaliptos —introducidos a fines del siglo XIX— dominan el paisaje. Al norte del pueblo, separado de éste por un riachuelo, está el convento franciscano de Santa Rosa de Ocopa. El pueblo está en las coordenadas 11.88° Sur 75.30° Oeste, a una elevación de 3,370 metros. El clima es el característico del valle del Mantaro: durante la estación seca (aproximadamente entre mayo y setiembre), hay muy poca precipitación, con fuertes cambios de temperatura entre el día y la noche, y con frecuencia hay heladas; en la estación lluviosa, hay frecuentes precipitaciones, pero al mismo tiempo un menor contraste de temperaturas entre el día y la noche. Si bien el valle propiamente dicho es un lugar abierto y por lo tanto sujeto a otras inclemencias del tiempo, Santa Rosa de Ocopa parece ser un lugar más protegido, si bien las temperaturas no difieren mucho de las del valle abierto. El topónimo «Ocopa» parece derivarse del adverbio quechua ukhu o ukhupi, que significa «adentro» y, por extensión, lugar interior.

Lo que sigue es un inventario fotográfico de aves, íntegramente obtenido en el patio de entrada y el jardín interior de una antigua casa ubicada en la parte sur del pueblo de Santa Rosa. Hay flores que están en macetas en el patio de entrada, y flores y frutos en el jardín interior, de unos 120 metros cuadrados, donde la variedad de plantas incluye rosales (Rosa spp.), un ciruelo-cerezo generoso (Prunus cerasifera), un manzano (Malus sp.), un árbol de tumbos (Passiflora tripartita), dos cedrones (Aloysia citrodora) y un árbol de guinda (Prunus cerasus) que asoma desde un jardín vecino. Entre las plantas ornamentales hay geranios (Pelargonium spp.), dogos (Antirrhinum majus), salvias (Salvia leucantha), pensamientos (Viola spp.), cartuchos (Zantedeschia aethiopica), y narcisos (Narcissus assoanus), así como varias especies de Opuntia, entre otras plantas.

Esta vegetación no natural —pero establecida hace muchas décadas— es muy propicia para las diarias visitas de una notable variedad de aves, muchas de las cuales pasan desapercibidas, incluso para la gente local. Además de las dieciséis especies fotografiadas, hay en la zona un número mayor de especies de aves que no frecuentan los jardines.

Acerca de las fotos y las descripciones

Las fotos —de calidad variable, por decir lo menos— han sido obtenidas en cuatro visitas a esa casa, en febrero del 2020, julio del 2021 y febrero y julio del 2022.  Las especies, en su mayoría,  han sido observadas y fotografiadas en cada visita, si bien con más frecuencia en la temporada de lluvias. Al pie de cada foto se indica los nombres locales conocidos —que lamentablemente son pocos— del ave fotografiada, así como el nombre científico más reciente. Para otros nombres en castellano, se ha seguido las recomendaciones de la Sociedad Española de Ornitología y, en menor medida, las del libro Aves de Perú, de Thomas S. Schulenberg et al. (CORBIDI, 2010).

(De antemano, se agradecen sugerencias, así como correcciones que citen otras fuentes de información.) 

Texto y fotos: Domingo Martínez Castilla
Fotos: Santa Rosa de Ocopa, provincia de Concepción, región Junín, 2020-2022

Las aves

(Haga click en cada imagen para verla en tamaño más grande.)

Chihuaco, en árbol de guinda. Una de las aves emblemáticas de la sierra central, fácilmente reconocido por propios y extraños (febrero, 2020)
Turdus chiguanco
[Chiguanco, zorzal andino, mirlo chiguanco]



Picaflor de cola larga (macho), tomando néctar de flores de salvia (febrero, 2020). El mismo individuo observado hasta febrero del 2022, pero no en julio del 2022.
Lesbia nuna nuna
[Colibrí colilargo menor]

Picaflor verde, recolectando telarañas para hacer su nido en un rosal. Este picaflor es quizá el más común en el valle del Mantaro, pero este comportamiento resultó sorpresivo (marzo, 2022).
Colibri coruscans
[Colibrí rutilante]


Picaflor negro, en reposo en árbol de tumbo (Passiflora tripartita). Suele ocultarse dentro del follaje del tumbo. Frecuente, pero no fácil de fotografiar (marzo, 2022). Nótese el punto blanco detrás de los ojos.
Metallura phoebe
[Metalura negra, colibrí negro]




Pichuza, pichuchanca, gorrión (macho). Otra  pequeña y hermosa ave emblemática de la sierra peruana, abundante y ubicua en los jardines, muy querida por la gente.
Zonotrichia capensis
[Gorrión andino, chingolo común]

Paloma torcaza, tórtola, parada en el tejado. Otra ave muy frecuente en centros poblados andinos (febrero, 2020)
Zenaida auriculata
[Zenaida torcaza, tórtola torcaza]

Pepitero de pico amarillo, en un rosal. Pájaro grande y muy atractivo. Si bien para mí era desconocido hasta que tomé esta foto, es comensal regular del jardín, pero por visitas muy breves, poniendo especial atención a los frutos del ciruelo y de la guinda (febrero del 2020)
Saltator aurantiirostris albociliaris
[Pepitero piquigualdo, saltador de pico dorado]


Tangara de cabeza azul (macho), en árbol de guindas. Otra atractiva ave multicolor de visitas frecuentes y cortas (febrero, 2020)
Rauenia bonariensis darwinii (antes Thraupis b.)
[Tangara naranjera]


Yal peruano (macho), en árbol de guinda. Pájaro oliváceo, con cabeza y alas grises, visitante diario (febrero, 2022)
Phrygilus punensis
[Fringilo peruano]


Mielerito gris, en árbol de laurel, donde probablemente está su nido (febrero, 2020)
Conirostrum cinereum cinereum
[Conirrostro cinéreo]


Pinchaflor (macho), en árbol de guinda (marzo, 2022). Visitante muy frecuente de los geranios, a los que pincha en la base de las flores con su pico terminado en gancho.
Diglossa brunneiventris
[Pinchaflor gorjinegro]


Paloma moteada, con guinda en el pico (febrero, 2022). Especie nativa del mismo tamaño que la paloma doméstica, pero siempre de color gris y alas jaspeadas, y pico más pequeño.
Patagioenas maculosa albipennis
[Paloma de ala moteada]


Cucarachero (marzo, 2022). Sólo los picaflores son más pequeños que este omnipresente pajarito, que caza insectos, siempre solitario.
Troglodytes aedon
[Chochín criollo]


Jilguero (macho) (febrero, 2022). Visitante raro en el jardín, pero más común en los campos. De niño, mi padre y muchas personas los capturaban para tenerlos en jaulas y escuchar su potente y hermoso canto.
Spinus magellanicus (también Carduelis m.)
[Jilguero encapuchado]



Semillero gris, observado solamente en la fecha de esta foto (febrero, 2022). Ave pequeña.
Catamenia analis
[Semillero colifajeado, semillero de cola bandeada]


Huiracchuro macho (el nombre quechua se usa en Ecuador, como güiragchuro o variaciones). Observado solamente en dos días seguidos (febrero, 2022). Pájaro grande y muy atractivo, y debiera ser fácilmente observable si fuera más común en la zona.
Pheucticus chrysogaster
[Picogrueso ventriamarillo]


08 febrero 2022

Parihuanas en cielo negro, en Jauja

Muy cerca a Jauja, hay dos lagunas que son refugios importantes de muchas especies de aves acuáticas. Entre ellas, las más grandes, fotogénicas y espectaculares son las parihuanas (Phoenicopterus chilensis, o flamencos australes). Centenares de estas aves, maduras y juveniles, se alimentan y reproducen entre los totorales en la poco profunda laguna de Chocón/Tragadero y en un rincón escondido y silencioso de la laguna de Paca, más conocida por sus bulliciosos restaurantes y recreos.


El 7 de octubre del 2021, anunciando la inminente temporada de lluvias, era un día oscuro y tormentoso, aparentemente arruinado para la fotografía de aves silvestres. Pero por unos instantes, el sol poniente asomó por debajo de las nubes, reflejando su luz casi exclusivamente en los brillantes plumajes rosáceos  de las parihuanas y blancos de las garzas.

Texto: Jauja, 8 de febrero del 2022
Fotos: 7 de octubre del 2021




Parihuanas (Phoenicopterus chilensis) en un islote
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)


Parihuana (Phoenicopterus chilensis) en el agua
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)


Parihuana (Phoenicopterus chilensis) tomando vuelo
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)

Garza blanca (Ardea alba)
Laguna de Paca, Jauja, Perú, octubre del 2021
 (Clic para ver imagen ampliada)


Domingo Martínez Castilla

Fotos: Laguna de Paca, Jauja, Perú. 7 de octubre del 2021


08 marzo 2021

Siempre tuve suerte con las mujeres

Como alguien inventó el Día Internacional de la Mujer, reciclo acá un texto de hace 4 años, en el que hablo de mis mujeres internacionales, para quienes dedico mi afecto por 365.25 días al año.

Que sea el tiempo presente, pues es menester empezar por algún lado: cada día comparto mesa, sillón y lecho con una mujer que, sin cesar, marca hitos de afecto, lealtad, principios, conocimiento, dedicación, magisterio, investigación... Y una sonrisa como ninguna: franca y dulce, que lleva a donde vaya, desde las alturas de Pasco y Junín hasta los más remotos rincones de Misuri, pasando por las manyattas Masái, las comunidades bolivianas, los agricultores de Bengala occidental, o los salones académicos de tantos lugares del mundo, sin muestra alguna de arrogancia ni de humildad ensayada, sentimientos cuyo ejercicio ella no comprende. 
 
De ella, la hija ha heredado el ejemplo, que es mucha cosa: sola contra un mundo que no deja de ponerle obstáculos, la niña de ayer siempre tuvo que lidiar con cosas nuevas: de muy pequeña, recién vuelta al lugar donde nació, su lucha por comprender un idioma que no conocía y en el cual hoy es ella docta, o doctora para más precisión. Mientras crecía, iba enfrentando una cultura en la que su padre, especialmente, no era muy hábil, ella siempre avanzando con un carácter notable e igualmente leal, principista y luchadora.
 
Ahí están también las tres hermanas de toda la vida (ella era una santa, cantaría Gardel, pero de la santa me ocupo en seguida), tres mujeres distintas excepto en su increíble valentía y gracia para navegar por un mundo cambiante que no se parecía en nada al nido protector donde crecieron, nutridas, siempre, por otras mujeres. La hermana primera, madre de dos hijas y cuatro hijos, sacándolos adelante, por muchos años ella sola, y todo el tiempo trabajando por salario, trabajando por justicia en sindicatos y calles y, por supuesto, siendo madre infaltable. La hermana segunda que, por décadas y desde muy joven, asumió con enorme cariño la tarea de ser la columna vertebral de la familia, siempre lista para todo, siempre presente con su entusiasmo y vitalidad y con una generosidad literalmente sin límites. La hermana tercera, ausente prematuramente, vivió por justicia y equidad, sin dejar en el camino a ningún afecto previo: en su despedida, en el año 2000, las lágrimas de sus amigas de la infancia se mezclaban con las de maduros políticos y dirigentes sindicales, correligionarios y opositores, músicos y artistas, para rendir homenaje a una mujer que nunca dejó que las mezquindades propias de la política afectaran su alma limpia y luchadora, como ella escribió en Entre el amor y la furia, sus crónicas y testimonio. Tengo una cuarta hermana, mayor, que falleció hace algunas semanas, y a la que vi apenas unas pocas veces en mi vida: ella también fue excepcional, pues enviudó joven y sacó adelante a sus seis hijos, dos mujeres y cuatro hombres, cuyas vidas son un testimonio indiscutible de su carácter. 
 
«Ella era una santa», dice el tango «Silencio». Es la madre, pero no fue santa de vestir santos solamente. Huérfana de padre desde los seis meses de nacida, creció entre mujeres que tenían que haber sido fuertes en el Perú de hace cien años, herederas de tierras y prejuicios que mantuvieron una mezcla de dignidad frente a sus pares y arrogancia atávica hacia los demás, todo mientras su anticuado mundo se hacía trizas, pero siempre dándonos libros para protegernos. Creciendo en un universo cambiado, mi madre empezó a trabajar por un salario a los 45 años, de maestra escolar, mientras en los veranos estudiaba para sacar el título oficial de maestra. Todo eso para que a sus hijos no les falte nada, especialmente educación. La madre era mujer que raramente se enfadaba, dueña de un humor que por fino nunca dejó de ser sarcástico, incapaz de proferir insultos y enemiga del chisme. Amigos la recuerdan siempre como digna y sencilla, como una mujer dulce y tremendamente inteligente. Yo la recuerdo y sonrío. 
 
La familia sigue creciendo con mujeres fuertes y cabales: las sobrinas, ya madres, han heredado tibieza, carácter y decisión, así como independencia. Los sobrinos han igualmente buscado y hallado mujeres excepcionales para compartir vida y familia.

Tengo amigas, varias más queridas que el mejor de mis amigos: están en latitudes diversas, pero todas pertenecen a esa raza que tanto admiro: mujeres fuertes, trabajadoras, independientes (lo que no implica soledad), inteligentes, principistas, todas con una extraña cualidad: me soportan. Algunas incluso son parientes. ¡Y las veo tan poco! 
 
Les ruego a todas y cada una que acepten este pequeño e imperfecto recuento. Y todo mi cariño y admiración.

Sí, siempre tuve suerte con las mujeres.

(Suelo rechazar los días arbitrarios en los que se nos obliga a festejar o conmemorar gentes y acontecimientos, pero esta vez sentí una necesidad muy fuerte de decirles a todas cuánto aprecio la suerte de tenerlas.)

Texto escrito el 8 de marzo del 2017

02 noviembre 2020

Ciberayllu: vida, pasión y catatonia de la primera publicación peruana de alcance global

(Una versión previa de este texto fue dicha si no necesariamente leída en el Séptimo Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero, en Poitiers, Francia, octubre del 2015. Ligeramente editado, el texto sirve para marcar el aniversario número 24 de la aparición de Ciberayllu.)


Resumen

Ciberayllu, una de las publicaciones pioneras en lengua castellana en la World Wide Web, apareció a fines de 1996 con nueve escritos de cinco autores peruanos.  Durante catorce años continuó su actividad regular, hasta acumular más de mil contribuciones y escritos de cerca de doscientos autores, en su gran mayoría escritores  e intelectuales peruanos y peruanistas, tanto miembros de la diáspora como residentes en el Perú.  Poesía, historia, narrativa y crítica aparecieron en sus páginas firmadas por un significativo número de escritores de varias generaciones, incluyendo a poetas y narradores que hoy constituyen parte importante del canon literario contemporáneo del Perú, así como a historiadores y científicos sociales de instituciones educativas de muchas partes del mundo.

Para el editor de prácticamente todos los escritos aparecidos en Ciberayllu, este texto es una primera y necesaria instrospección de la vida, pasión y catatonia actual de la que, desde su inicio, fue una «Sospechosa publicación de periodicidad dudosa y propósitos difícilmente confesables».  El falso kuraka del inexistente ayllu recuerda el cómo y el cuándo, que están registrados en la memoria y el abundante intercambio epistolar entre editor y autores.

Ciberayllu (www.ciberayllu.org) continúa disponible en la red global, y sus escritos siguen siendo leídos y citados con regularidad.

27 marzo 2020

Sin embargo, se mueven

Homo sapiens se esconde, asustado; Pelecanus erythrorhynchos no


Mientras los abundantes miembros de la especie Homo sapiens están… estamos limitando nuestros movimientos al mínimo indispensable, las otras especies animales y vegetales continúan con sus rutinas de supervivencia y adaptación, tal como lo hicieron en otros tiempos, es decir hace cinco semanas, años, siglos. Y como lo seguirán haciendo mientras no sigamos modificando el planeta. En este mes de marzo del año del  Coronavirus dos mil veinte, animales y plantas, hongos y bacterias, están todos muy activos ajustándose al cambio de estaciones, pues  la primavera boreal y el otoño austral empiezan en estos días.
El movimiento global de los seres humanos se ha casi suspendido por algunas semanas: el mundo se siente más ligero, más limpio, y está más disponible para el resto de seres vivos, que continúan con sus migraciones anuales por aire, mar y tierra.
Por ejemplo, cerca de donde este escriba vive, cientos de pelícanos blancos americanos (Pelecanus erythrorhynchos) se detuvieron a reposar en unas lagunillas creadas por Homo sapiens. Estas enormes aves están migrando hacia sus áreas de reproducción, en las praderas más septentrionales de América del Norte. Aquí sus fotos.



Pelecanus erythrorhynchos, Missouri
Bandada de aves migrantes.
Misuri, EE.UU. Mayo, 2020 (Clic para ver imagen ampliada)

Pelecanus erythrorhynchos
Misuri, EE.UU. Mayo, 2020 (Clic para ver imagen ampliada)

Pelecanus erythrorhynchos
Misuri, EE.UU. Mayo, 2020 (Clic para ver imagen ampliada)

Domingo Martínez Castilla

Fotos: Eagle Bluffs Conservation Area, Condado Boone, Missouri, EE.UU. 6 de marzo del 2020

03 agosto 2018

La cigarra cumplió 13 años

Juventud casi eterna, madurez efímera

Cigarra de 13 años
Magicicada sp.
Columbia, Misuri, EE.UU. Mayo, 2011 (Clic para ver imagen ampliada)

La foto que sirve de fondo a este blog es de un bicho peculiar (Magicicada sp.). Es una cigarra juvenil de trece años de edad, a la que le quedaban unas cuatro o cinco semanas más. Trece años de inmadurez para cinco semanas de vida adulta.

La explicación: la cigarra de la foto nació de un huevito que la madre dejó en una rama en junio de 1998. Del huevito salió un gusanito que bajó rápidamente y se enterró en el suelo, donde creció y siguió creciendo por trece años, al cabo de los cuales, ya como una ninfa gorda y grande, sintió la urgencia de salir para mudar su cascarón infantil. La foto  es un instante luego de haberse liberado del exoesqueleto, antes de adquirir, en pocas horas, el color pardo de los adultos.  Millones de otras cigarras hacen lo mismo, listas para esas cinco semanas de música ensordecedora y jolgorio sexual. Y sólo aparecen cada trece años.

Trece años antes, en 1998, yo había visto asombrado este curioso fenómeno por vez primera, pero multiplicado por dos, pues ese año el brote de las cigarras de 13 años coincidió con el de las cigarras de 19 años.  Y de eso escribí en la revista Ciberayllu, que a la sazón tenía solamente un año y medio.

Aquí la nota reciclada.

Mensaje del kuraka
16 de junio de 1998

Unos cinco días después de publicar la última nota editorial, lo real maravilloso llegó a Columbia, en el estado norteamericano de Misuri, donde este kuraka mora. Los niños empezaron a notar la presencia de unos bichos raros que salían de la tierra, y casi inmediatamente se prendían de paredes, hojas, arbustos y —sobre todo— árboles, donde después de unas horas se sacaban la vieja piel dura de los insectos. Al cabo de unas horas o algo así, sólo quedaba el cascarón. En la semana siguiente, la tierra estaba llena de orificios; las paredes, ramas, árboles, llenas de fantasmales cascarones vacíos; con suerte, uno podía ver que de cada ninfa salía un insecto grande y casi blanco, que muy rápidamente oscurecía y mostraba sus ojos rojos, esperando secarse y estirar sus alas para subir un poco más y tratar de encontrar un pequeño espacio desde donde cantar, oficio de cigarras machos, para seducir a las hembras. 
Después de unos días del inicio de la invasión de las ninfas subterráneas, millones de cigarras —miles en cada árbol— empiezan a volar y cantar con la energía que les da el calor del día; en días calientes, es casi imposible hablar cerca a los árboles, porque el ruido es intenso, ensordecedor. Lo que queda más abajo son los correspondientes miles de cascarones vacíos, los miles de huequitos en el suelo, y poco a poco miles de cigarras muertas. Las hormigas, en lugar de discutir con ellas sobre las bondades del trabajo, simplemente se las comen, porque no han leído a La Fontaine. Las arañas engordan, igual que los pájaros, los perros y algunas personas que las comen tostadas. Millones de cigarras. Tantas, que los primeros colonos las llamaron langostas. En unas cuantas semanas ya todas han muerto, después de haber cantado, copulado y puesto sus huevos, de donde salen las pequeñas ninfas que caen al suelo y se entierran para alimentarse de la savia que corre por las raíces de los árboles, hasta que les llegue su hora de salir, diecisiete o trece años más tarde. No diez, o doce, o dos: sólo trece o diecisiete. En unas partes sólo hay cigarras de diecisiete años, y en otras sólo de trece, pero en el centro de Misuri se dan ambas, y en este Año de la Cigarra de 1998 coincidieron ambas por primera vez desde 1777. Cuando vuelvan a aparecer las cigarras de trece años en el centro de Misuri, Ciberayllu habrá cumplido quince años, y diecinueve cuando salgan las ninfas que se enterrarán este mes de julio. Y nada menos que 223 años cuando sus sendas descendientes salgan juntas, a repetir el ruido tremendo de este casi verano. Para entonces, este kuraka y sus lectores estarán bien muertos.

Original en: <http://www.andes.missouri.edu/andes/Ciberayllu/DelKuraka980616.html>

Domingo Martínez Castilla

Foto: Cigarra transformándose de ninfa en adulto, en un roble, en el jardín del frente. Columbia, Misuri, 29 de mayo del 2011.

23 junio 2018

Turandot (Teatro Regio di Torino, 2018)


Versión abstracta y contemporánea de una milenaria historia de odio, amor y sacrificio


Turandot, ópera póstuma e inconclusa de Puccini, estrenada hace casi cien años, es un buen ejemplo de cuán maleable es esta forma musical. La trama sucede en la corte de Pekín (así se llamaba por entonces) en un periodo antiguo más definido por estereotipos que por precisiones históricas. Pero la versión que acá se comenta, estrenada en enero del 2018 por la compañía del Teatro Regio de Turín, recurre a una visión muy moderna e italiana. La escenografía es mínima.  El vestuario, casi totalmente en blanco y negro, va de fantástico a moderno a casi inexistente (los danzantes usan sólo taparrabos). Las coreografías son casi abstractas. Supongo que la intención es dar así mayor realce a la música y al drama.  (Vale anotar que entre los aficionados a la ópera hay muchos que rechazan estas escenificaciones novedosas, y prefieren los montajes más tradicionales.)

Datos generales

  • Título: Turandot
  • Compositor: Giacomo Puccini (1858-1924)
  • Libretistas: Giuseppe Adami y Renato Simoni
  • Estreno (póstumo): 1926 (Teatro alla Scala, Milán)
  • Genealogía del tema: probablemente a partir de una historia pre-islámica, el poeta azerí Nezamí Ganyaví (1141-1209) la recoge en uno de sus poemas épicos escritos en persa. La base del argumento aparece en Europa como una de las historias del compendio de Los mil y un días. El nombre «Turandot» («hija de Turan») aparece en una obra teatral veneciana de 1762 (por Carlo Gozzi), que fue luego tomada por Schiller, que convierte a Turandot en princesa china, que es como llega a los teatros alemanes a inicios del siglo XIX. La historia da origen a varias óperas previas a la de Puccini.

Trama en un párrafo: La princesa china Turandot odia a todos los príncipes, pues uno de ellos raptó y mató a una abuela suya; con ánimo de venganza, presenta a sus pretendientes unos acertijos imposibles que siempre han  terminado en el ajusticiamiento del pretendiente. Calaf es un príncipe tártaro que va a Pekín de incógnito, donde encuentra a su desterrado padre y a una ex-esclava; enamorado obsesivamente de Turandot, se somete a la prueba a pesar de las advertencias, y logra resolver los enigmas. Turandot se resiste, y el príncipe le da una posible salida: que averigüe su nombre: si logra hacerlo, Calaf renunciará a la princesa y le entregará su vida; si no lo logra, Turandot se casará con el príncipe. La ex-esclava Liú es la única que sabe el nombre del príncipe, pero ama mucho a Calaf y se rehúsa a revelar a Turandot el nombre del príncipe. Liú perderá de todos modos a Calaf: si ella revela el nombre, ajusticiarán a Calaf; si no lo hace, Calaf sobrevivirá y se casará con Turandot, y Liú sacrificará su vida.

Personajes y su descripción en esta producción:

  • Altoum, emperador de la China (Antonello Ceron, tenor): hombre mayor de cabello blanco
  • Calaf (Jorge de León, tenor): el príncipe tártaro, cuyo nombre no se llega a saber durante la ópera, que quiere casarse con Turandot (traje oscuro)
  • Turandot (Rebeka Lokar, soprano): hija del emperador
  • Timur (bajo): rey tártaro destronado y ciego, padre de Calaf; sobretodo oscuro
  • Liú (Erika Grimaldi, soprano): ex-esclava de Timur, enamorada de Calaf, con cabello oscuro muy largo
  • Ping (Marco Filippo Romano, barítono), Pong (tenor Mikeldi Atxalandabaso), Pang (Luca Casalin, tenor): ministros del emperador chino; siempre andan juntos; vestidos de blanco inicialmente, luego de negro, y luego a franjas
  • Mandarín (Roberto Abbondanza, barítono)
  • Príncipe persa (Joshua Sanders, tenor)
Director musical: Gianandrea Noseda
Productor: Stefano Poda
Orquesta y coro del Teatro Regio de Turín


Liú delante de Turandot, rodeada del coro. (Fuente: Teatro Regio de Torino)


Resumen 

La producción de Stefano Poda es elegante en lo visual y complicada en los símbolos. La escenografía es simple e imponente, plena de imágenes abstractas y surrealistas; el extraordinario ballet de cuerpos sin tapujos es parte fundamental e impactante del montaje; el coro es siempre coreográfico, exigiendo de sus miembros movimientos precisos y contorsiones inusuales; los cantantes principales honran el esfuerzo inacabado de Puccini (son memorables el canto y la actuación de Erika Grimaldi como Liú).

Acto I

Un mandarín del emperador de China recuerda al pueblo de Pekín que, siguiendo un (aparentemente absurdo) juramento que es ley, la princesa Turandot se casará con quien logre resolver tres adivinanzas. El mandarín anuncia, al mismo tiempo, la ejecución pública de un príncipe persa que pretendía a Turandot, pues había fracasado en resolver los acertijos.  En el alboroto del ajusticiamiento, un anciano ciego cae al suelo, y su fiel sirvienta Liú pide ayuda para levantarlo. El príncipe tártaro se acerca a ayudar, y reconoce que el anciano es Timur, su destronado padre que ahora deambula, pobre y desterrado, por las calles de Pekín.  El príncipe agradece a Liú, y le pregunta por qué ella decidió seguir sirviendo a su padre, a pesar de ser ahora una mujer libre. «Perchè un dì... nella reggia, mi hai sorriso.» (Porque una vez, en palacio, me sonreíste), responde Liú, revelando su amor por Calaf.

El príncipe tártaro le pide a su padre y a Liú que no lo llamen por su nombre, porque su vida corre peligro, pues él había logrado fugarse luego de que el emperador chino conquistara el reino tártaro. Al mismo tiempo, el príncipe revela su obsesión romántica por desposar a Turandot, y su deseo de intentar resolver los acertijos.  Todo esto se sobrepone con la multitud que va aumentando su frenesí por la inminente ejecución.

Soldados, verdugo, multitud… Éste es un buen ejemplo de cómo en las óperas suelen aparecer segmentos en los que aparentemente hay un caos indescifrable que, con frecuencia, sólo se puede deshilachar con el libreto al frente. En ópera, es posible y frecuente que dos eventos estén sucediendo simultáneamente, como en este caso: por un lado, el intercambio entre Timur, Calaf y Liú; por el otro, los múltiples personajes que se aprestan a llevar a cabo la ejecución. Por lo general, estas escenas aparentemente caóticas suelen servir de base para extraordinarios momentos musicales, en los que las voces de solistas y coros hacen armonías y contrapuntos donde las palabras y la línea argumental ceden su lugar a la música, la coreografía y la escenografía. Danzantes, cantantes, luces, orquesta, se combinan para dar al público un espectáculo que es exclusivo de la ópera: al espectador sólo le queda hundirse en él.

Acto II

Trabajando en una morgue vendando los cadáveres de los ajusticiados pretendientes de la princesa de hielo, los ministros Ping, Pong y Pang se quejan de haberse visto convertidos de importantes dignatarios, en meros asistentes del verdugo, y lamentan que los caprichos de Turandot estén poniendo en peligro los miles de años de la historia de China. En un largo trío, los ministros recuerdan con nostalgia sus sendas y bucólicas vidas previas, así como a varios de los  treinta o más príncipes pretendientes ejecutados en los últimos años.

Un muy moderno ballet, y el coro que le sigue, preparan la escena para el gran reto: los tres acertijos que el príncipe tártaro deberá adivinar.  El emperador de la China anuncia el inicio de la prueba a la que la ley le obliga pero, ya cansado de tanta ejecución, trata de persuadir al pretendiente para que renuncie a su empresa, pero Calaf responde tres veces que quiere someterse a la prueba.

Un dulce coro infantil es el casi absurdo preludio a la terrible prueba. En la extensa aria «In questa reggia» (En esta corte), Turandot explica el origen de la prueba de los tres acertijos: venganza contra príncipes extranjeros, venganza por la suerte que Lo-u Ling, antepasada de Turandot, hubo corrido a manos de un príncipe conquistador, que la sacó a rastras del palacio.  Por eso, Turandot dice que jamás nadie la poseerá, porque ese dolor está vivo en su corazón, lleno de odio contra príncipes como el que ocasionó la muerte de Lo-u Ling.

En esta producción de la ópera, la voz de Turandot es acompañada por un coro silencioso (lo entenderá la lectora al ver la ópera) que canta con ella: en la versión televisiva, no es fácil saber de qué boca sale la voz, lo que crea una incertidumbre adicional.

Calaf, cual Edipo frente a la esfinge, resuelve los acertijos.  Turandot no lo puede creer y se resiste a cumplir con el mandato de casarse con el principe ignoto; Calaf le propone una salida: él se someterá al verdugo si ella, en el plazo de una noche, logra averiguar el nombre de él; si no lo logra, deberá casarse con él.

Acto III

Turandot ordena que, so pena de muerte, nadie duerma hasta que se sepa el nombre del príncipe tártaro.

El príncipe repite la orden, en la bellísima y muy conocida aria «Nessum dorma», pero anuncia que nadie podrá descubrir su nombre hasta que amanezca, y que se lo dirá a Turandot solamente cuando sus labios estén cerca.

Los ministros tratan de persuadir al príncipe, diciéndole que es preferible tener cien bellas y dispuestas esposas a vivir con una princesa fría y cruel como Turandot, pero el príncipe no se convence e insiste; los ministros pasan del soborno a la amenaza de indecibles torturas, sin lograr quebrar al príncipe.

Traen a Timur y a Liú frente a los ministros, que suponen que el anciano y su acompañante son los únicos que saben el nombre del príncipe. Liú se niega a revelar el nombre, e indica que está dispuesta a morir antes de soltar el secreto. En esta producción de la ópera, Liú es interpelada por Turandot, rodeada del coro, que sigue profiriendo amenazas. Liú se resiste, en nombre de «Tanto amore segreto, e inconfessato», y explica su horrible dilema: si confiesa, morirá Calaf, el príncipe que ella ama y que Turandot detesta; si calla, Calaf vivirá con esa mujer malvada que es Turandot, y ella misma, Liú, será ajusticiada.

Llaman a los verdugos para matar a Liú, que sale del escenario tomada de la mano con el anciano Timur, mientras que la multitud la alaba por su enorme sacrificio y le pide perdón:
Liù...bontà... perdona!
Liù...dolcezza, dormi!
Oblia! Liù...Poesia!

(Liú, bondad… ¡Perdón! / Liú… dulzura.. ¡Duerme! / ¡Olvida! Liú… ¡Espíritu poético!)
Puccini compuso la ópera hasta esta escena.  En 1924 le diagnosticaron cáncer a la garganta, y fue a tratarse a Bruselas, donde falleció de un ataque al corazón aparentemente no relacionado con el tratamiento. Hay hasta tres versiones del final de la ópera, pero en esta producción no se han incluido.

Si bien el sacrificio de Liú (representado como suicidio) puede ser un trágico final suficiente y adecuado para el paladar moderno, hace cien años el público esperaba un desenlace  más redondo: ¿Vivirán felices Calaf y Turandot? El libreto que dejó Puccini, también incompleto,  indicaba un dúo con manifestaciones de amor entre el consorte triunfante y la consorte derrotada, pero aparentemente aún no lo encontraba totalmente satisfactorio al momento de su muerte. En todo caso, tal final es algo mezquino, donde a la tragedia del sacrificio amoroso de Liú le sucedería un final feliz que ve a una malvada princesa casarse con un caprichoso príncipe.

Lo que sugiere Stefano Poda, productor de esta escenificación modernísima, es que Turandot no existe, que ella está en cada uno de nosotros.

Domingo Martínez Castilla

Enlaces


Libreto e información sobre esta ópera
Se recomienda revisar estos enlaces antes de ver la ópera, pues la versión ahora disponible en la red no tiene aún subtítulos en castellano):

Datos específicos de esta producción

Video disponible gratis hasta el 24 de julio del 2018



Si la ópera ya no está disponible gratuitamente en la Internet, el lector deberá esperar a que salga en video comercial (Blu-ray, DVD, o en servicios vía Internet).